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Opinión

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La Cultura de la Paz, Balance del 2020

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Foto EE: Hugo Salazar

Pascual Hernández Mergoldd

Coraje es lo que se necesita para sentarse y escuchar.

Winston Churchill

Terminando este año -prácticamente perdido-, tuvieron lugar algunos eventos cósmicos muy destacados. Un eclipse total de Sol y, la semana pasada, la conjunción de Júpiter con Saturno. Esos fenómenos nos recuerdan que vivimos en un minúsculo punto azul en el Universo, prácticamente insignificante. Sin embargo, para nosotros -para la humanidad-, es diferente pues la Tierra es nuestro hogar.

México, nuestra casa que está en ese punto azul, es el resultado de la evolución de la sociedad en el mundo; la historia, las divisiones políticas y las geográficas. Aquí yacen nuestros antepasados, ha sido la cuna de grandes culturas que luego se fusionaron con la europea, transformándonos en lo que hoy somos. Hemos construido grandes instituciones, no sin descalabros.

Iniciamos este año con una economía gravemente decaída que ensombreció nuestro destino, traducida en un nulo crecimiento económico que nos privó de fuentes de trabajo; una división social propiciada por el Gobierno, así como con un Sistema Nacional de Salud desmantelado, los Institutos Nacionales de Salud depauperados y la cancelación del Seguro Popular. Todo ello, como resultado de la gestión gubernamental de 2019.

Entre otras calamidades que hoy nos afectan más severamente y se traducen en una muy menguada capacidad de respuesta, así como con la unidad nacional lastimada, es que hemos enfrentado -sin éxito- los descomunales retos derivados de la pandemia del Covid 19 iniciada en marzo.  

Durante el año que termina el gobierno tomó medidas que afectan a todos:

  • La cancelación de 109 fideicomisos, en perjuicio de apoyos a la ciencia, la tecnología, la innovación, la cultura, el medio ambiente, el campo, el deporte y para superar desastres naturales, entre otros.
  • Siendo una bandera del gobierno el combate a la corrupción, el índice aumentó en nuestro país, ocupamos el sitio 121 de 128 países. Bajamos cuatro lugares, respecto del 2018. Muy probablemente se deba, entre otros actos conocidos, al abuso en la asignación directa de contratos de obra pública y adquisiciones.
  • Se continuó estimulando la generación de energías contaminantes y obstaculizando la inversión en la construcción de infraestructura para la generación de energías limpias. Ayer, más de 10 millones de personas en doce estados padecieron un apagón, no se recuerda que haya ocurrido una suspensión de energía eléctrica de esa dimensión, en muchos años.
  • Lejos de sacar de las calles al ejército, se ha procedido a militarizar al país. Las Fuerzas Armadas se han convertido crecientemente en la referencia del presidente, han recibido encomiendas que desbordan sus atribuciones naturales y ocupan espacios del orden civil. Por un lado, actúan en múltiples frentes mientras que -tristemente-, es evidente que las actividades de policía civil que se les asignaron no han resuelto el problema de la escalada de violencia. La inseguridad pública se consolidó como pan nuestro de cada día.
  • Las propuestas por emprender los caminos de la paz y de la concordia no encontraron eco, no se ha podido convencer de que el mejor medio de ejercer el poder y alentar el progreso es la concordia, la cultura de la paz. 

Culmina este 2020 en un ambiente enrarecido por varias razones: la insistente polarización que propicia el Presidente desde la antigua Tesorería del Palacio Nacional, convertida en su sala de prensa y en la tribuna de la descalificación; el mal manejo de la pandemia; el desastre económico; el auge del crimen, y el aumento de la militarización.

Dentro de los casi 125,000 mexicanos que fallecieron este año por el Covid-19, figuran Óscar Chávez, Armando Manzanero, Mario Molina, Pilar Pellicer y Héctor Suárez. Cada vez es más frecuente enterarnos de la muerte de un familiar, de un amigo de un compañero o de un conocido. Todas las víctimas de la pandemia y también de la violencia, merecen nuestro homenaje y sus dolientes, nuestro pésame.

La resiliencia ha sido, en muchos casos, la mejor defensa y se rebela en varios terrenos, como el uso de las tecnologías de la información para reducir actividades presenciales y evitar contagios, que se observa en el trabajo en casa, la educación a distancia, la administración de justicia, la mediación en línea y otros resultados que debemos reconocer como positivos.

Como hemos comentado, el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 prevé el objetivo de emprender la construcción de la paz y la promoción de la cultura de la paz. Durante este año no hubo avance alguno. En vez de favorecerse la unión de sus compatriotas, desde Palacio Nacional y con la fuerza de su cargo, el Presidente califica cotidianamente a grupos de ciudadanos como “nuestros adversarios”. Convierte la patria en arena de batalla que podría hacer pedazos a la sociedad.

No conviene que el Presidente se distraiga en temas electorales que, además, no son de su competencia y viola la Ley. No es aceptable ni legal que descalifique o apoye partidos, alianzas y candidatos basado en su investidura y utilizando recursos públicos, el tiempo de su trabajo incluido. Debiera dedicarse a gobernar, abundan delicados asuntos que debe atender.

La “transformación” que impulsa el actual gobierno se traduce, de manera peligrosa, en una desinstitucionalización de la República, de la Nación.

En este año que culmina, es triste observar que la cultura de la paz permeó muy poco en la sociedad, que prevaleció la animosidad, resultado de la polarización institucionalizada, que impide acuerdos entre políticos, ha roto familias y sembrado la enemistad.

Unidos habremos de encontrar, entre las sombras y las cenizas del presente, las luces del futuro.

*Pascual Hernández Mergoldd es abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

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