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Opinión

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La Cultura de la Paz, Apatía e Indiferencia

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Pascual Hernández Mergoldd

Lo único que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada.

Edmund Burke                

Se dice que los mexicanos nos hemos convertido en apáticos e indiferentes, a veces parecemos deshumanizados y hasta cobardes. Dejamos al último momento la realización de un sinnúmero de compromisos; llegamos frecuentemente tarde, o evadimos la solución de los conflictos que nos aquejan, por citar algunos ejemplos de apatía y desinterés. Muchas personas están acostumbradas a vivir con sus conflictos o controversias en vez de enfrentarlos y resolverlos, quizás pensando que se solucionarán espontáneamente.

El dicho popular “hay más tiempo que vida” es totalmente cierto, pero usualmente es mal interpretado. Se confunde su significado al considerar que “vida” es sinónimo de “tiempo” y, por lo tanto, parece creerse que la vida personal es ilimitada. El tiempo es una dimensión, pero la vida de cada uno de nosotros es finita, tiene un principio y un fin. Esto significa que el tiempo de cada persona es un recurso no renovable. Por eso debemos estar conscientes de aprovecharlo, de evitar desperdiciarlo y de actuar a tiempo.

Varios indicadores revelan que nuestra sociedad también se caracteriza por ser apática e indiferente. Uno de esos indicadores es el abstencionismo electoral.

En las democracias representativas, como la nuestra, el voto es el mecanismo más importante que tenemos los ciudadanos para elegir a quienes ocuparán los cargos de representación popular. Al optar por el abstencionismo electoral, millones de personas dejan que otros elijan por ellos so pretexto de no confiar en los partidos políticos o su desinterés por la política.

Si bien es cierto hemos avanzado en la construcción de nuestra democracia, no hemos aprendido a dialogar, a debatir, a aceptar la crítica ni a tolerar ante la pluralidad. Actualmente, la trasformación que ofreció el gobierno se ha traducido en una democracia disfuncional con un autoritarismo encubierto; una creciente simulación; la falsificación de la voluntad ciudadana, así como un nocivo populismo, expresión de la corrupción política al ser un instrumento para dividir a la sociedad. Ello ha sido posible por la manipulación del pueblo que decide sin información, muchas veces amenazado o por resentimiento, de tal suerte que se degrada el poder y degenera a la democracia. 

A muy pocos parece importarles y otros han creído que el país mejoraría sólo por la alternancia en el poder. Parecen ignorar que en el actual gobierno los principales cargos de elección popular que ha ganado el partido oficialista, incluida la Presidencia de la República, así como los más importantes cargos por designación, los ocupan expriístas. 

Sin dejar de lado la apatía y la indiferencia, tema que hoy nos ocupa, es triste observar que a casi nadie interesa la creciente gravedad de los problemas que nos afectan a cada vez más mexicanos, veamos algunas de las calamidades que nos lastiman:

  1. Salud. - Cada vez menos personas tienen acceso a los servicios públicos de salud y hay un preocupante decaimiento de los programas de vacunación universal para niños. La cobertura de vacunación con esquema completo para niños hasta los dos años es del 31.1%, esto significa que solamente uno de cada tres niños es protegido.  En este gobierno han muerto niños con cáncer y enfermos con diversos padecimientos por la escasez de medicamentos provocada por el gobierno. Eso sí debiera considerarse crimen de estado.
  2. Educación. – Vivimos una pérdida de calidad y cobertura de los servicios públicos de educación que se traduce en abandono de escuelas. 1.4 millones de niños y jóvenes han desertado de las escuelas. Con el nuevo plan de estudios para la educación básica que, según expertos, no es más que un listado de ideas y planteamientos que no se desglosan en conocimientos ni habilidades específicas, no se formará a los niños ni a los jóvenes con una educación de calidad, en cambio serán adoctrinados con la ideología de los partidos oficialistas, como se hizo en la URSS y en Cuba, de tal suerte que tendremos semilleros de personas mediocres, incapaces de acceder a la educación superior y a oportunidades de desarrollo. 
  3. Economía. - La pérdida de empleos y una inflación galopante cercana al 8% parece no incomodar a nadie, a pesar de que su dinero, producto de su trabajo, rentas, rendimientos o de los programas de bienestar, alcance para comprar menos productos y servicios. Al detenerse o reducirse la carestía no significará que los precios se reduzcan. Es decir, todos seremos más pobres.
  4. Militarización. - El Estado está obligado a imponer la paz, no es una facultad. Sin embargo, ello no implica una ineficaz y desmedida militarización. A pesar de que la ONU ha recomendado al gobierno mantener la naturaleza civil de la guardia nacional, el Mandatario se empeña en militarizarla, aun violando los artículos 21 y 129 de la Constitución, además de dejar de lado el Estado de Derecho y protocolos institucionales. Este asunto debe causarnos temor, pues se trata de otra violación a la Constitución y otro golpe al Estado de Derecho y a la división de podres, instituciones ignoradas por el inquilino de Palacio Nacional, en su afán de debilitar las instituciones civiles para fortalecer cada vez más al poder militar.  Parece haber olvidado su juramento de respetar y hacer respetar la Constitución y la legalidad.
  5. Deterioro de la infraestructura. - En todo el país es visible, ya sea en hospitales, clínicas, escuelas, carreteras, en el Metro de la Ciudad de México, en múltiples oficinas públicas, en las calles, en la escasez de agua en diversas regiones, en el aeropuerto de la Ciudad de México y hasta en embajadas de nuestro país en el extranjero, entre otras instalaciones.
  6. Deterioro de las relaciones con los socios de México. – Al Presidente le preocupa que el cumplimiento del TMEC implique una violación a la soberanía nacional, lo cual obviamente NO es cierto. Parece no importar el deterioro de las relaciones con Estados Unidos y Canadá que podría traducirse en un grave daño a la economía que afectaría a todos.
  7. Inseguridad y Soberanía. – La soberanía nacional es mancillada y pisoteada cotidianamente por el crimen organizado que avanza cada día más en el control del territorio nacional y se ha transformado en un poder fáctico. Nos encontramos ante un fenómeno que parece una privatización de la soberanía nacional a grupos particulares de criminales, precisamente porque han impuesto un férreo control aplicando cuotas por derecho de piso, para no violentar, así como a actividades comerciales y productivas. 

Han adquirido el monopolio de la fuerza que el gobierno les ha cedido, de hecho.

Todo indica que una de las características de los regímenes populistas es la destrucción y la satisfacción que causa a sus líderes y correligionarios. Ello debilita a las instituciones y al tejido social. 

Se dice que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, pero dudamos que los mexicanos nos merezcamos el que actualmente tenemos. 

Evitemos transformarnos en una sociedad fallida, en la que a cada quién sólo le interesa lo que ocurre en su pequeño mundo, pues entre más divididos, seremos más débiles.

Para ello es indispensable un contagio positivo como el que nos demostramos después del terremoto de 1985 que nos unió para hacer frente a esa tragedia natural. Hoy urge tomar conciencia de que el gobierno nos sumerge en una gran tragedia nacional en lo político, en lo económico y en lo social que ya ha cobrado cientos de miles de vidas. 

Urge sacudirnos la apatía, el desinterés y la deshumanización y demostrarnos que podemos estar unidos y fuertes. 

*El autor es abogado, negociador y mediador.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

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