No había en aquel joven que escuchaba mi conferencia signos de penuria familiar o de tensiones interiores que lo llevaran al rencor. Tampoco la circunstancia era propicia para el exabrupto fácil. Portaba una camiseta nueva de la Selección Nacional que había salido triunfante esa mañana en su enfrentamiento mundialista con su similar de Francia.

Por todo ello, me sorprendió su reacción sanguínea, casi violenta. También su acusación personal y directa de que era yo un neoliberal (sic) y que el neoliberalismo era la causa del estancamiento que sufre la economía mexicana.

Le respondo a ese joven en este espacio público. Desde luego, comparto su preocupación por el bajo crecimiento que presenta la economía de México desde hace años. No creo, sin embargo, que la fórmula para acelerar el paso se encuentre en el inflacionismo amenazador que está detrás de la receta neokeynesiana. Tampoco la clave residirá en dar marcha atrás a la apertura comercial, parcial y totalmente. Mucho menos en revivir los enfoques estatistas e intervencionistas evocadores de los sexenios de Echeverría y López Portillo.

Seguramente no se alcanzará un crecimiento más rápido y sostenible recurriendo al gasto público desbocado con déficit fiscal financiado con deuda externa y con la maquinita de imprimir billetes. Esa fórmula, es cierto, no asegura un crecimiento sostenible y es el camino garantizado para generar crisis de balanza de pagos con devaluaciones en cascada.

Coincido con el joven alternante en que las inversiones públicas en infraestructura son indispensables para el desarrollo. El problema reside en cómo financiarlas de manera sana. Y es aquí donde aflora la amenaza de una reforma que no se desea emprender: una reforma fiscal que libere a las finanzas públicas de depender del régimen tributario de Pemex.

Existen obstáculos al crecimiento que no son directamente del orden económico. Uno de ellos es el del problema de la seguridad. ¡Cómo lograr que aumenten las inversiones si asaltan a los tráileres en las carreteras, secuestran a los ejecutivos de las maquiladoras, saquean las bodegas y los inspectores sólo llegan a sacar cohechos!

Y la lista de factores negativos no termina ahí. Los derechos de propiedad están mal protegidos en México y el Estado de Derecho es débil.

¿Obsesiones neoliberales? No, grilletes de subdesarrollo que no dejan avanzar a México.

[email protected]