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¡Jai Ho, no ganó Benjamin!
Al momento de escribir este texto, la entrega del Oscar sucede. Para cuando la lea usted, la noticia de cuál fue para Hollywood la mejor película del año será cosa vieja.
(Utilizaré las siguientes líneas para emberrincharme en negritas: me parece una terrible injusticia que Batman, el caballero de la noche no haya recibido más nominaciones. ¡Fue la mejor película del año!).
Quisiera ser millonario (Slumdog Millionaire), de Danny Boyle, se perfila como la ganadora de la noche. Hace unos minutos se llevó el premio a mejor fotografía y en este momento le entregan a A.R. Rahman el premio a la mejor canción por la festiva Jai Ho .
Si la noche continúa así, esta columnista va a estar muy feliz. Y no es que, como demuestra mi berrinche, Slumdog Millionaire haya sido mi película favorita.
Mi gran felicidad es que la gran perdedora será la película más nominada de la noche: El curioso caso de Benjamin Button.
Si se concreta la barrida, habrá que celebrar. Significa que la Academia está teniendo un cambio generacional. Si la vieja Academia siguiera existiendo, con sus anquilosados gustos, a estas horas El curioso caso de Benjamin Button estaría arrasando con los galardones.
¿Por qué? Porque Benjamin Button es una película de esas que cumplen todas las viejas y conocidas reglas para ganarse un Oscar: es familiar, optimista aunque melancólica, de época, tiene como protagonista a un guapo que se vuelve feo, es muy estadounidense, etcétera.
Si estuviéramos en 1994, Benjamin Button habría sido la gran ganadora (así fue, sólo que entonces se llamó Forrest Gump). Slumdog es una obra más arriesgada, internacional, agridulce. Su triunfo es el de una nueva generación de votantes de la Academia.
Jai Ho, Hollywood! Que comience una nueva era para la máquina de imágenes más grande que ha conocido la humanidad.