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Jackson Hole
Desde el último anuncio de la política de la Fed, las proyecciones sobre el crecimiento de corto plazo de la economía continúan reduciéndose.
Toda la atención de los mercados, estrategas y gobiernos estuvo el pasado fin de semana en Jackson Hole, Wyoming, en la reunión anual del Banco de la Reserva Federal de Kansas City. Allí estuvieron los principales banqueros centrales del mundo y algunos de los más relevantes especialistas en asuntos monetarios del mundo académico. Sin embargo, dada la inusual incertidumbre que envuelve las perspectivas de la economía y de la política monetaria estadounidense, el plato fuerte fue la presentación de Ben Bernanke.
Desde el 10 de agosto, cuando se publicó el último anuncio de política de la Fed, las proyecciones sobre la tasa de crecimiento de corto plazo de la economía continúan reduciéndose. La magnitud de la desaceleración económica continúa sorprendiendo, excepto a los más pesimistas. La semana pasada se revisó a 1.6% la tasa de crecimiento del segundo trimestre, que se había estimado en 2.4%, mucho menor a la tasa de crecimiento de 5.7% del cuarto trimestre del 2009, y 3.7% del primer trimestre del 2010. Una desaceleración era previsible para estas fechas, por una menor demanda para inventarios y al gradual agotamiento del impacto sobre la demanda de la política fiscal expansiva de los años 2008 y 2009. Sin embargo, se estimaba que estos efectos fueron contrarrestados por un mayor dinamismo del gasto privado. La inversión en maquinaria, equipo y software ha repuntado, pero el consumo privado que representa 71% del PIB crece lentamente.
El sector manufacturero, las exportaciones y ahora el gasto de inversión no-residencial mantienen a la economía creciendo. Ayer los precios de los activos de riesgo repuntaron apoyados en los reportes del sector manufacturero de Estados Unidos y China que fueron mejor que lo esperado.
Bernanke es optimista, calcula que la economía volverá a reactivarse apoyada en el crecimiento de la economía mundial, una mayor confianza de los consumidores, y favorables condiciones financieras y monetarias.
Sin embargo, la economía es frágil y un nuevo choque negativo de demanda puede ponerla de nuevo en recesión y a la deflación dada la baja tasa de inflación actual y el persistente exceso de capacidad ociosa en los mercados de producto y trabajo. Aunque la Fed no prevé que ocurra este escenario, la institución se opondrá con fuerza a cualquier desviación a la baja en la estabilidad de precios según Bernanke.
La Fed ha contemplado cuatro opciones:
1) reactivar la política de relajamiento cuantitativo (PRC), 2) modificar la política de comunicación, 3) reducir la tasa de interés que paga sobre el exceso de reservas de la banca comercial y 4) anunciar transitoriamente una meta de inflación alta.
La Fed cree que la PRC está funcionando. De ser necesario el programa se reactivará, quizás, la compra al mercado de 1 trillón de dólares de activos de largo plazo, principalmente bonos del gobierno. El rendimiento del Bono del Tesoro podría bajar a 2% desde el actual 2.5 por ciento. A través de un complejo mecanismo, esta política reduce el costo de fondeo de mediano y largo plazos de las empresas. Actualmente, el mercado de futuro estima que la Fed comenzará a elevar la tasa de interés de corto plazo a fines del próximo año o principios del 2012. La Fed puede modificar esta expectativa haciendo explícito que esto ocurrirá en una fecha posterior. Aunque no lo descarta, la Fed considera que se logrará poco con la reducción de la tasa de interés (0.25%) que paga sobre la reserva de los bancos. En lo relativo a la meta de inflación, parece que la mayoría de la Fed se opone, aunque esto fue lo que Bernanke propuso a Japón para salir de la trampa de liquidez.
rfeliz@eleconomista.com.mx