La semana pasada escribí sobre las razones por las cuales no debemos invertir ni poner nuestro dinero en algo que no entendamos. Se trata al final de conocer los riesgos y de tomar decisiones informadas.

A lo largo del camino he visto a muchas personas que toman sus decisiones de inversión basados en la emoción y no necesariamente en la razón. Esto por lo general no conduce a nada bueno: muchos compran caro movidos por la ambición, venden barato motivados por el miedo.

Por eso hoy quiero hablar de otra tendencia que tienen las personas y que es preocupante. Muchos confunden invertir con especular, que es más parecido a apostar.

Es muy común. Casi todos los días recibo correos de personas que me preguntan ¿crees que el bitcoin seguirá subiendo? ¿me conviene comprar dólares ahora? ¿piensas que será un buen año para la Bolsa?

Es comprensible que la gente tenga estas preocupaciones. Son muy válidas y significan que las personas están genuinamente interesadas en tomar buenas decisiones.

Pero recordemos que nadie sabe a ciencia cierta lo que va a pasar en el futuro. Los economistas y analistas pueden tener expectativas sobre ciertos escenarios, pero siempre pasan cosas que nadie habría podido pronosticar. Por ejemplo, una pandemia global, pero podría haber sido un evento natural.

En realidad si uno tiene un portafolio diversificado que es consistente con su horizonte de inversión y su tolerancia al riesgo, nada de esto importa mucho. Cada tipo o clase de activo tiene años buenos y malos, pero no todos se comportan igual (por eso uno diversifica, para que la volatilidad de nuestro portafolio sea menor y en niveles con los que nos podamos sentir cómodos).

¿Realmente importa si los siguientes doce meses serán buenos para la Bolsa, si estamos ahorrando para nuestro retiro y tenemos un horizonte de inversión de 30 años? ¿Es buena idea cambiar la composición de un portafolio de largo plazo, basándonos en expectativas de corto plazo?

La respuesta es no, porque eso también incrementa el riesgo: la realidad nunca sale exactamente como la esperábamos. Por ejemplo: hubiera sido razonable esperar, ante una pandemia global que afectó a tantas empresas, caídas significativas en las bolsas de valores. Ha sucedido todo lo contrario: han seguido subiendo. Limitar nuestra exposición habría sido una mala decisión.

Invertir, como hemos mencionado, es un proceso mediante el cual diseñamos un portafolio diversificado que nos permita tener una alta probabilidad de alcanzar nuestro objetivo de inversión, con un riesgo controlado y en línea con nuestra tolerancia.

Cuando las personas quieren saber cuál es la expectativa de lo que va a pasar de aquí al final del año, lo que quiere hacer es actuar, tomar sus decisiones o reaccionar conforme a esas expectativas. Esto significa especular sobre distintos escenarios, que pueden darse o no. Puede salir bien, o puede salir mal, porque por más completos que sean los modelos que usan los economistas o analistas, hay muchas cosas que son imposibles de predecir. En este sentido, es más parecido a apostar.

Entender la diferencia entre invertir y especular es sumamente importante. Al invertir controlamos el riesgo. Al especular, estamos incurriendo en un riesgo mayor (si nos sale bien, también obtendremos un rendimiento mayor, pero si nos sale mal, estaremos perdiendo). Es fundamental entender la diferencia. Esto no significa necesariamente que especular sea malo: de hecho mucha gente hace las dos cosas, pero no las mezcla. Tiene dinero para invertir, y tiene una cantidad adicional, separada, para especular.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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