Tabasco está predestinado a anegarse recurrentemente. Es una gran llanura aluvial de inundación formada a lo largo de milenios por los sedimentos de los ríos Grijalva, Usumacinta y Tonalá. Originalmente estaba cubierto de humedales y selvas inundables en las partes más bajas, y por legendarios bosques tropicales en colinas y otras áreas con un poco más de elevación, incluyendo los contrafuertes de la sierra norte de Chiapas. Es una región de altísima pluviosidad (con frecuencia de más de 3,000 milímetros anuales de lluvia) tanto en verano – por los monzones – como en invierno – por los frentes fríos o nortes. Los antiguos bosques amortiguaban el impacto de la lluvia, regulaban los escurrimientos, y permitían la infiltración ordenada del agua al subsuelo. Los colosales y exuberantes bosques tropicales –riquísimos en biodiversidad–  fueron exterminados de manera salvaje por la ganadería y la agricultura campesina de subsistencia, en el escenario de la Reforma Agraria y la colonización. Todo, a golpe de repartos, y desmontes masivos durante la segunda mitad del siglo XX, transformándose el paisaje en interminables potreros y milpas misérrimas salpicadas de monumentales árboles calcinados. También, durante la segunda mitad del siglo XX los asentamientos humanos se desparramaron sin control ni planeación alguna ocupando áreas de reclamación fluvial con alta propensión a ser inundadas. Los riesgos crecieron exponencialmente por el cambio climático. El desenlace es conocido. Los tabasqueños y chiapanecos nunca atinaron a atender y a mitigar el problema, más bien, aprendieron a eludir responsabilidades y a culpar a un actor conspicuo en la región: el formidable sistema de presas hidroeléctricas a lo largo del río Grijalva: Angostura, Chicoasén, Malpaso, y Peñitas.

Estas centrales hidroeléctricas tienen funciones múltiples, de generación de energía limpia y renovable, regulación hidrológica y control de avenidas e inundaciones. Su operación es muy compleja, ya que implica optimizar el despacho eléctrico, sujeto a restricciones de confiabilidad y protección contra inundaciones de las partes bajas de la cuenca, y a obligaciones de mantenimiento mínimo de ciertos caudales de acuerdo a niveles históricos en los ríos, niveles de oxígeno y condiciones ecológicas adecuadas, buena calidad del agua, navegabilidad, y abastecimiento de agua para riego o consumo humano aguas abajo de la cortina. Esta optimización debe llevarse a cabo con un modelo estocástico o probabilístico que, por un lado, asume una Curva Guía Mínima (nivel de la presa a lo largo del año) que cumple con las obligaciones de operación, y que al mismo tiempo le permite generar electricidad; y, por otro lado, una Curva Guía Máxima que hace posible controlar grandes avenidas o crecientes y trata de mitigar inundaciones aguas abajo de la cortina. El área entre estas dos curvas es el espacio de funcionamiento de la presa, y en ella debe definirse o encontrarse su trayectoria óptima de operación.

Como en todo modelo de optimización, hay una Función Objetivo que trata de optimizar dos descargas de la presa: A) la descarga para generación eléctrica hacia la casa de máquinas y las turbinas, dependiendo de las disponibilidades de agua y necesidades del sistema eléctrico nacional interconectado, y de los precios de la energía; y, B) la descarga de la obra de excedencias o vertedero directamente hacia el cauce del río, dado el flujo de entrada a la presa y su capacidad de almacenamiento. Esto, cumpliendo con las restricciones hidrológicas ya señaladas, y dentro del espacio entre las dos Curvas Guía; lo cual es particularmente difícil ya que hay que considerar otros ríos y escurrimientos cuenca abajo de la cortina. El modelo exige una amplia y detallada información hidrológica (series hidrológicas y pronósticos o proyecciones). En una operación óptima de la presa dentro de las Curvas Guía, no es mucho lo que puede hacerse adicionalmente para evitar inundaciones. Es un flujo que con presas o sin presas va a contribuir a anegar Tabasco. No es culpa de las presas ni de la ingeniería. (Aunque López, en su infinita sabiduría, y con un decreto, va a “optimizar” el modelo de optimización).  En última instancia es indispensable que Tabasco y la Conagua diseñen y apliquen un plan integrado de protección hidráulica y adaptación al cambio climático a través de la construcción de bordos perimetrales, muros de encauzamiento, cauces de alivio, desvíos, corte de meandros, presas de almacenamiento, presas retenedoras de azolves, y canalización o entubamiento de cauces. Todo ello, desde luego, en paralelo a un ambicioso plan de restauración ecológica forestal y de reordenamiento urbano de toda la región. Pero, en este gobierno, como es constatable, eso es imposible.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

Lee más de este autor