Varios usuarios compartieron en redes sociales imágenes del sitio donde se desarrolla la construcción de la refinería de Dos Bocas, completamente inundado. Hay quienes erróneamente festejaban esa escena, bajo la premisa de que se trataba de una merecida mala fortuna para este proyecto ante la necedad de la actual administración de hacer de este su mayor apuesta en infraestructura, sin haber hecho caso a muchas opiniones expertas que desaconsejaron aventurarse en un proyecto de ese tamaño, en gran parte, porque el futuro ya no tan lejano para el sector energético perfila que los combustibles fósiles, como la gasolina, ya no tendrán un papel central como hasta ahora lo han tenido.

Desde luego que no podemos celebrar que el sitio de Dos Bocas se les haya inundado y que el desarrollo de los trabajos sufra un retraso. Pero la imagen del terreno anegado debería propiciar una reflexión seria al interior del gobierno del presidente López Obrador sobre las decisiones tan precipitadas o apresuradas que se tomaron y se han seguido tomando con relación al desarrollo de este proyecto.

La más reciente de ellas, por ejemplo, es la decisión del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) de contratar a una firma que le ayude, en un plazo de solo mes y medio, para “determinar el grado de desarrollo que tiene el alcance del proyecto (Dos Bocas), identificando cada uno de los elementos críticos con el fin de determinar posibles factores de riesgo. Adicionalmente, en su caso, deberán proponerse estrategias y acciones a efectos de mitigar los riesgos del proyecto producto de su nivel de madurez”. Ante esto cabe preguntar ¿por qué después de transcurridos 14 meses de que se adjudicaron los primeros contratos para la construcción de la refinería, el IMP piensa que es el momento de que algún agente externo le ayude a identificar los factores de riesgo?

Repito que la imagen del sitio de construcción completamente anegado debería ser un un gran pretexto para que al interior del gobierno se revise en serio el futuro de Dos Bocas, porque coincidentemente, desde la semana pasada se han registrado diversas reflexiones en medios internacionales sobre la prospectiva para el sector energético como resultado de la pandemia del Covid-19. El New York Times, de EUA o Financial Times, The Guardian, o incluso la revista The Economist, del Reino Unido, dedicaron espacios a hablar sobre el papel que depara al sector energético, donde las energías limpias están asumiendo un papel central, mientras todos coinciden que los combustibles fósiles están acelerando su decreciente participación en la matriz energética mundial.

En este contexto, por ejemplo, diversas notas señalaban durante el fin de semana, cómo se está adelantando el momento en que se preveía que ocurriría la paridad en el precio de los vehículos con motor de combustión interna frente a los vehículos eléctricos. Algunos prevén que tal momento ocurra ahora, gracias a los cambios provocados por la pandemia, entre el 2023 y 2024. En el mismo sentido, se reporta que el gobierno británico está por anunciar que la prohibición de vender autos con motor a gasolina o diesel en Inglaterra se adelantará del 2040 al 2030.

Ante un panorama así, insisto en que la 4T está aún a tiempo de evitar con Dos Bocas un gigantesco error por el que será recordada siempre.

 

Gerardo Flores Ramírez

Experto en telecomunicaciones

Ímpetu Económico