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Insabi opera entre el desconocimiento, la indolencia y sin reglas
La semana pasada, el 17 de septiembre, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México llevó a cabo el evento en línea “Gobernanza efectiva en la cadena de acceso a medicamentos”, donde participaron entre otros el director general del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), Juan Ferrer Aguilar.
Llamó notoriamente la atención el mensaje del funcionario que volvió a señalar lo del boicot de los laboratorios productores de fármacos, un tema que se entendía que ya estaba superado, pero conforme la visión de Ferrer evidentemente aún no. Y con eso se explica en parte porqué no paran los problemas de desabasto de todo tipo de terapias.
El titular del Insabi -al cual se le quedó la encomienda de las compras de salud- aún no ha entendido que las cadenas de producción de medicamentos funcionan en base a mucha planeación; que los fármacos tienen corta caducidad y no se almacenan esperando para cuando se soliciten, sino que este sector en todo el mundo funciona en base a pedidos con mínimo seis meses de anticipación. Ferrer considera increíble que las farmacéuticas tarden de 3 a 4 meses para entregar los medicamentos; ya no habla de corrupción, pero lo del boicot es su argumento para el persistente desabasto de terapias. En base a su posición, el boicot sería entonces mundial, porque en todo el mundo funciona igual la industria farmacéutica. Y la ONUPS, a la cual los mexicanos le pagaremos 135 millones de dólares anuales para comprarnos medicamentos, lo sabe bien; justo por eso es que UNOPS pidió de plazo hasta abril para hacer la entrega de fármacos de la megacompra que está por ejecutar. Serán 3,800 claves de una compra bianual para el abasto de 2020 y 2021.
Ojalá Alejandro Calderón Alipi, que está a cargo del Abasto y Adquisición de Medicamentos, tenga más clara la situación porque conforme la poca información que hay al respecto, se sabe que al INSABI sí le tocará hacer adquisiciones adicionales de terapias y otros insumos, aparte de las encargadas a UNOPS y OPS.
Es muy preocupante que en el Insabi haya ese desconocimiento, pero también que siga operando sin reglas. Ya vamos para 3 meses que venció su plazo para sacarlas, y no hay un solo indicio de para cuándo las tendrá.
El Instituto que debe hacerse cargo de los 54 millones de mexicanos sin seguridad social no se sabe cómo está operando.
Si la pandemia ya está en claro declive como se reporta, el Insabi ya tendría que estar informando cómo se va a remontar el severo rezago de atención acumulado porque desde marzo cuando se declaró la emergencia sanitaria, la gente dejó de ir a su clínica u hospital, y seguramente hay muchos problemas de pacientes con enfermedades crónicas degenerativas que se han complicado.
¿Cómo se va a reactivar el primer nivel de atención? Porque prácticamente está caído y ya tendría que informarse cómo se remontará para poner al día análisis de diagnóstico, cirugías, consultas, etcétera. Deben informar cómo se continuará con el servicio en el tercer nivel de atención, cómo cumplirán la eliminación de cuotas para diciembre. La red de institutos de salud y hospitales de alta especialidad, coordinados por Gustavo Reyes Terán (CCINSHAE), siguen operando a baja escala por atender Covid, y si no habrá la desconversión este año, ¿cómo se atenderán a todos los pacientes que quedaron sin atender en Cancerología, en Nutrición y en todos los hospitales regionales o de alta especialidad en el país?
El Insabi ya lleva 9 meses de vida, ejerce un multimillonario presupuesto que era del Seguro Popular, y no se sabe cómo lo están gastando; no ha dado un solo reporte; tiene que informar y no puede seguir siendo omiso e indolente.

