Iniciaron las campañas electorales y, como en cualquier proceso electoral, los diferentes candidatos participan activamente como compradores en el mercado de votos y el pago que están dispuestos a hacer (siempre bajo la premisa que “prometer no empobrece, dar es lo que aniquila”) son transferencias, apoyos y subsidios de todo tipo. Esto viene a colación, para ponerlo de manera elegante, por el verdadero desmadre que es la identificación personal en México.

Los mexicanos tenemos los siguientes números personales de identidad: CURP, RFC, INE, seguridad social (IMSS, ISSSTE, Pemex o fuerzas armadas), Inapam (mayores de 60 años), Servicio Militar Nacional (hombres mayores de 18 años), cédula profesional (si se tiene un grado universitario) y pasaporte. Además, de acuerdo a Coneval, existen 6,488 programas de seguridad social (149 federales, 2,528 estatales y 3,811 municipales), cada uno con un número específico de identificación del beneficiario. Una verdadera maraña de números que en muchos casos genera confusión y en todos los casos ineficiencia. Resalto tres de estas ineficiencias: recaudación tributaria y pagos de seguridad social (IMSS, Infonavit y SAR), eficiencia de programas sociales y los documentos oficiales de identidad.

Respecto del primero, aunque ha habido avances entre el SAT y el IMSS para buscar compatibilidad de información, ésta no es completa, lo cual da lugar a que algunas empresas reporten al IMSS niveles salariales menores que los que le reportan al SAT, ya que con ello reducen los pagos correspondientes a la seguridad social, mientras que acreditan contra la base gravable del ISR para personas morales los pagos de nómina efectivamente realizados. Este reporte dual se traduce en menores ingresos del IMSS pero, peor aún, reduce los beneficios de seguridad social para los trabajadores, específicamente el monto de crédito hipotecario que pudiesen obtener del Infonavit y el monto de su pensión futura bajo el sistema del SAR.

Otra ineficiencia derivada de la gran cantidad de números de identidad personal está relacionada con los programas sociales. Muchos programas operando simultáneamente, sin un universo de atención perfectamente identificado, en muchos casos con duplicidades y en muchos otros contradictorios entre sí, resultan en una notoria ineficiencia e ineficacia del gasto en programas de seguridad, como lo atestigua el hecho de que a pesar del gasto público creciente en esta área, el número de pobres simplemente no se reduce (aunque la principal explicación de ello es el bajo crecimiento económico) y el que el índice de Gini (que mide la inequidad en la distribución del ingreso) prácticamente es el mismo después de contabilizar transferencias gubernamentales que el valor de este índice antes de estas transferencias.

La tercera está relacionada con los documentos de identificación personal. Sólo cuatro son válidos: credencial de elector, cartilla del Servicio Militar Nacional, cédula profesional y pasaporte vigente. Si el individuo no se registró ante el INE, es mujer (SMN), no tiene un título universitario o no ha viajado al extranjero, pues está fregado; no tiene ningún documento que sea válido ante instancias gubernamentales o instituciones del sistema financiero.

Estas tres ineficiencias y otras más se resolverían (o al menos se atenuarían) con el simple  expediente de que cada quien tuviese un único número de identidad con un documento oficial que lo acredite, con lo que además se cumpliría a cabalidad lo establecido al respecto en el Artículo 4 de la Constitución, y más aún cuando el objetivo es transitar hacia un sistema de seguridad social universal. ¿Por qué no se hace? ¿Cotos de poder, anarquismo, ineficiencia, falta de voluntad política? Quién sabe. Quizás la respuesta más sencilla la tuvo André Bretón: “México es el surrealismo”.

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.