Crispación es la palabra que mejor define la condición en que se encuentran las relaciones entre la Iniciativa Privada mexicana y el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

El riesgo no es sólo de que se polarice y se rompa la relación; la negativa del gobierno para procurar un programa de apoyo al sector productivo también se refleja en el comportamiento cambiario, con una mayor depreciación del peso.

Se prevé una profunda recesión económica, que podría agudizarse con la mala relación entre el gobierno y la Iniciativa Privada, y la prolongación de la crisis de crecimiento aumenta la posibilidad de que México pierda el grado de inversión.

Es un círculo vicioso que perjudica a todos: al gobierno, a los empresarios, a la economía nacional, a todos los mexicanos.

El precio del petróleo está en el suelo; el dólar, en las nubes; la calificación crediticia soberana y de Pemex empeora; los pronósticos de crecimiento no encuentran el piso; la entrada en vigor del T-MEC podría posponerse, y el rechazo del gobierno a procurar una red de protección al sector productivo aumenta la incertidumbre.

Hay una enorme irritación entre los empresarios mexicanos que públicamente se ha tratado de ocultar, aunque cada vez con menos éxito. Es una crispación soterrada.

En el incipiente paro productivo, obligado por la creciente expansión del coronavirus, los capitanes de empresa, industria y comercios no sólo no han sido escuchados, incluso han sido relegados.

Todas las organizaciones han pedido, vaya, han rogado al gobierno mexicano por un programa de apoyo al sector productivo, tal y como lo está haciendo la mayoría de los países del mundo.

Han tocado todas las puertas. La del secretario de Hacienda, Arturo Herrera, la del Jefe de la Oficina de la Presidencia de la República y del Gabinete Económico, Alfonso Romo, y hasta la del secretario de Turismo, Miguel Torruco.

El CCE, de Carlos Salazar, la Coparmex, de Gustavo de Hoyos, la Concamin, de Francisco Cervantes, la Canacintra, de Enoch Castellanos, el CNET, de Braulio Arsuaga, y otros más han enviado sus respectivas propuestas para que sus sectores puedan superar la ahora sí reconocida emergencia sanitaria.

No están pidiendo exención o condonación de impuestos, no están pidiendo que se rescate a sus empresas.

Simple y sencillamente están pidiendo plazos, prórrogas y en el último de los casos claridad para poder apoyar sus plantas laborales. A cambio, han recibido un no rotundo de parte del presidente de México, quien sostiene que esas prácticas del pasado neoliberal se acabaron y no se verán más en México, pues no se rescatarán empresas privadas.

Pero el mal trato no sólo es coyuntural. La mala relación entre el jefe del Ejecutivo y el empresariado, a pesar de las múltiples reuniones, acuerdos y anuncios pomposos, ya se registraba desde los tiempos de campaña, cuando el entonces candidato enfrentó a los integrantes del Consejo Mexicano de Negocios, que hoy preside Antonio del Valle Perochena.

Desde el inicio del nuevo gobierno, han sido muchos los fuertes embates que ha recibido la inversión privada en México.

Los golpes han sido severos. Han ido desde la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, la suspensión de las rondas petroleras, la cancelación de las subastas de largo plazo en el sector eléctrico, la modificación del contrato del gasoducto Texas-Tuxpan, el golpe a la industria farmacéutica con el cambio de reglas de compraventa, la cancelación de la planta cervecera de Constellation Brands, entre las que más fuerte han golpeado a la confianza de los inversionistas.

Hasta ahora, la falta de confianza ha mantenido retraída la inversión privada.

Y desde antes de que llegara el coronavirus a México, una de las causas principales de la falta de crecimiento económico venía siendo precisamente la falta de inversión.

Lo mejor sería que el gobierno mexicano escuche la voz del empresariado mexicano, dejar atrás los prejuicios sobre ellos y generar la confianza necesaria para que inviertan y detonen el crecimiento económico. A ver.

Marco A. Mares

Periodista

Ricos y Poderosos

Ha trabajado ininterrumpidamente en periódicos, revistas, radio, televisión e internet, en los últimos 31 años se ha especializado en negocios, finanzas y economía. Es uno de los tres conductores del programa Alebrijes, Águila o Sol, programa especializado en temas económicos que se transmite por Foro TV.