La protesta reciente de los restauranteros de la Ciudad de México resalta el enorme costo económico sufrido por el cierre de actividades y el llamado a quedarse en casa. Refleja la opinión, ampliamente compartida, de que enfrentamos un dilema: cuidar la salud o cuidar la economía, implícito en su reclamo tajante y sin matices: abrimos o morimos. Vale la pena reflexionar si realmente existe este dilema. A primera vista parecería que sí, el cierre de actividades y el “quédate en casa” reducen producción, ventas e ingresos, conducen a quiebras y al desempleo. BBVA recién recortó su expectativa de crecimiento para 2021 de 3.7% a 3.2%, citando las nuevas medidas de confinamiento en la CDMX.

Por otra parte, de existir este dilema, deberíamos observar que los países con menor afectación económica tendrían malos resultados en salud. Sin embargo, ocurre lo contrario como revela un comparativo internacional de Our World in Data:  los países que mejor protegieron la salud de su población, por lo general también protegieron su economía. Cierto, el desempeño económico también depende de factores adicionales a las medidas sanitarias, pero la evidencia internacional sugiere que el supuesto dilema entre economía y salud puede no ser realmente tal o al menos no ser tan tajante.  Algunos de los países con mayor caída económica, como Perú, España, Reino Unido y México, están entre aquellos con peores resultados en salud. Hay países con contracciones económicas similares entre sí pero con notorias diferencias en salud y está el caso de países con afectación económica moderada y excelentes resultados en salud.

Por lo tanto, el dilema planteado entre economía y salud no es absoluto. Una economía vigorosa requiere una población sana y es posible reducir la afectación económica por la pandemia aplicando políticas adecuadas. Entre los países con menor contracción económica están algunos que aplicaron medidas de confinamiento severas pero temporales, como es Nueva Zelanda, cuya contracción económica es de la mitad de la de México, pero con buenos resultados en salud. También hay países que evitaron confinamientos o cierres generalizados pero que instrumentaron medidas complementarias para reducir contagios, como son Taiwán, Corea del Sur y Vietnam. La economía de Taiwán creció en 2.7% en 2020 y tiene el menor número de muertes por Covid-19, 0.3 por cada millón de habitantes. Las cifras para Corea del Sur son -1.9% y 26 muertes por millón y para Vietnam 1.6% y 0.4 por millón. En cambio, en México la economía cayó en alrededor de -9% y hay 1,186 muertes por cada millón de habitantes (cifras de Johns Hopkins, FMI y Focus Taiwán). Entre los elementos que tienen en común las estrategias de los países que han cuidado la salud y la economía están: actuar rápidamente; garantizar equipo y recursos médicos suficientes; rastreo de contactos de casos positivos y aplicación masiva de pruebas; difundir información oportuna, confiable y comprensible para la población (incluyendo la importancia del cubrebocas), así como despliegue de tecnologías digitales para apoyar estos esfuerzos.

La comparación entre la experiencia de Suecia y sus vecinos es igualmente ilustrativa. Mientras que Noruega y Dinamarca, como tantos otros países europeos, restringieron actividades e impusieron confinamientos, Suecia decidió no hacerlo, con trágicos resultados, 1,087 muertos por millón de habitantes, por lo que la autoridad sueca eventualmente pidió disculpas y cambió de rumbo. No restringir la actividad tampoco salvó su economía, que tuvo una contracción de -4.7%, caída similar a la de Dinamarca (-4.5%) pero con casi tres veces más muertos como proporción de la población. Noruega ha sido aún más exitosa con una contracción menor (-2.8%) y una décima parte de las muertes de Suecia en términos de la población.

La experiencia indica que la restricción de actividades económicas o el confinamiento pueden ser instrumentos poderosos, pero otras acciones pueden reducir la necesidad o intensidad de este tipo de medidas si se aplican bien. Aún con éstas, cierto daño económico es inevitable, por lo que también se requieren apoyos a personas afectadas y a empresas. En México estamos en el peor de los mundos: tenemos un deshonroso 4º lugar mundial en número mortalidad y la tasa de letalidad más alta del mundo (diagnosticados con Covid que mueren). Las restricciones a la actividad aplicadas de manera confusa y relajada, así como un llamado a quedarse en casa seguido parcialmente, no han sido muy efectivas para detener contagio, pero contribuyeron a la severa contracción económica. La escasa aplicación de pruebas e información oficial confusa, inconsistente y hasta errónea, impide aplicar medidas usadas en otros países. A su vez, las acciones para proteger el ingreso de las familias y las empresas son escasas y no bien dirigidas a los más afectados ni a evitar quiebras y desempleo.  Urge detener contagios, pero aplicando medidas que minimicen el costo económico. No hay que inventar el hilo negro, la experiencia internacional ofrece muchas lecciones y demuestra que el dilema entre economía y salud es en gran medida falso. Con visión de estado nuestras autoridades podrían, como las de Suecia, reconocer los errores y cambiar el rumbo. 

*Gustavo Merino Juárez es profesor de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey.

Twitter: @GustavoMerinoJ