Ya existen preparativos informales y hasta secretos para la salida griega. En Reino Unido hablan de unos 400,000 millones de euros como el costo de salida de los griegos.

Grecia quiere más tiempo y más dinero para mantenerse en el club de los 17 países de la zona euro. Pero Alemania no cree que haya más recursos ni más oportunidades para los helénicos.

Siempre me ha parecido inminente la salida de Grecia del bloque monetario porque las razones económicas apuntan inevitablemente a este abandono. Aunque siempre quedaba -y quedará- la decisión política de mantenerlos al costo que sea.

Y no es por embellecer al bloque conservando al país que es la cuna de la civilización moderna, es porque la salida helénica implicaría poner el mal ejemplo, abrir el boquete para que otras naciones desequilibradas en sus finanzas se vayan por ese hoyo, como cuando se jala la cadena del baño.

La crisis griega, hacia el interior del país, es igual a protestas, desempleo, carestía, deudas impagables. Hacia afuera, es un número rojo en una hoja de balance que demuestra que no podrá cumplir con sus estrictas metas de austeridad.

Grecia es una economía en profunda recesión, con una caída de 6.2% en su Producto Interno Bruto (PIB) durante el segundo trimestre y de 6.5% durante el primero. Una deuda equivalente a 165% de su economía y con un déficit fiscal de 9.10 por ciento.

Los motores económicos griegos son totalmente insuficientes para corregir esta debacle económica. Japón, por ejemplo, es el país más endeudado del mundo, con un endeudamiento de más de 200% de su PIB, pero con la capacidad económica que les da credibilidad en los mercados.

Otra vez, desde Atenas, llega la noticia de que no podrán cumplir con sus metas fiscales; otra vez, piden más tiempo y, otra vez, necesitan más dinero. Hablan de dos años más y calculan 20,000 millones de euros adicionales. Algo totalmente inaceptable para cualquier otra nación.

La diferencia entre las evidencias de la Grecia quebrada hace un año y la Grecia mucho más comprometida en estos tiempos es que ya se perdió el miedo a ver a los helénicos partir de vuelta hacia el dracma.

Ante las evidencias de que a esa importante extremidad del euro que es el país helénico ya le dio gangrena, cada vez queda más claro que lo más conveniente es cercenar la extremidad enferma, antes de que provoque un contagio generalizado.

En la medida que aumenta el costo de mantener a Grecia dentro de la estructura monetaria, incrementa la sensación de que es totalmente manejable la salida de este país. Alemania podría comprometerse a apoyar las causas no perdidas de España o Italia.

Portugal podría ser una debilidad para la zona euro pero Madrid no permitiría tener un país vecino del que todos quisieran salir.

Ya hay, de hecho, preparativos informales y hasta secretos para la salida griega del bloque monetario. En la prensa inglesa hablan de unos 400,000 millones de euros como el costo del boleto de salida de los griegos.

Si las cosas se salieran de control y se fueran otros países, incluso España, el costo se iría a 1.4 billones de euros, trillones, dirían los sajones.

Grecia está ya con un pie fuera de la unión monetaria europea. La única pregunta que queda por resolver es cuándo ocurrirá esto. La decisión es claramente de los que se quedan, no de los que se van.

Si el país helénico tomara la determinación unilateral de abandonar el proyecto monetario, correrían el riesgo de irse sin un finiquito, vamos, sin la ayuda de los exsocios para contener el impacto social de una determinación de ese tamaño.

¿Cuándo será el mejor momento para la salida Griega? Sin duda, no existe un momento adecuado. Pero tiene que abrirse una ventana en donde la gran mayoría respire con tranquilidad con esta salida y no lo vean como el inicio del fin de Europa.

La primera piedra

Promocionan la más reciente generación de la iPad como una tableta con una velocidad de conexión inalámbrica ultrarrápida. Y así es. Pero es un equipo avanzado para un país que se ha rezagado en sus redes.

Resulta que mientras muchos países del mundo -incluso algunos con desarrollo menor al mexicano- estandarizan la comunicación móvil de alta velocidad -lo que popularmente se conoce como el 4G-, aquí en México, seguimos atorados en la tecnología 3G.

Y todo porque hay una empresa que tiene en su poder el espacio idóneo y lo tiene sin explotar. O sea: ni pichan ni cachan ni dejan batear .

ecampos@eleconomista.com.mx