Después de las elecciones del pasado fin de semana, tanto el presidente Andrés Manuel López Obrador como el presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno, han sugerido que los 70 diputados priistas que pertenecerán a la próxima legislatura federal podrían unirse a los de Morena y sus aliados para lograr la aprobación de las reformas a la Constitución que a partir del 1 de septiembre entrante someta el primero a la consideración del Congreso de la Unión.

El martes AMLO demostró no estar preocupado por el hecho de que el bloque Morena-PT-PVEM ya no tendrá la mayoría calificada al decir que “Si se quisiera tener mayoría calificada, que son dos terceras partes, se podría lograr un acuerdo con una parte de legisladores del PRI o de cualquier otro partido, pero no se necesitan muchos para la reforma constitucional”. No especificó qué tipo de acuerdo podría lograrse con quienes representan lo que para él es la peor etapa de la historia contemporánea del país, con militantes del partido que llevó a la presidencia a Salinas, Zedillo y Peña Nieto, a quienes ha calificado como neoliberales conservadores y casi traidores a la Patria.

Ese mismo día, Moreno, mejor conocido como Alito (y como AMLITO por quienes han criticado su sumisión ante AMLO cuando fue gobernador de Campeche), dijo que “Se construye el bloque opositor para tener una agenda conjunta, eso no deja de lado que el PRI tenga una agenda propia y que nosotros nos sentemos a dialogar con el presidente de la República y el gobierno federal” o, en otras palabras, como podría entenderlas un mal pensado: “aquí estamos, señor presidente, para lo que se le ofrezca siempre y cuando nos llegue al precio o no le pida a la UIF que investigue nuestras finanzas personales”.

AMLO necesitará que 54 de los 70 diputados priistas se sumen a los 198 morenistas, 39 petistas y 43 verdes para alcanzar la mayoría calificada de 334 diputados necesaria para reformar la Constitución.

Y si no todos los priistas que siguen obedeciendo al gran perdedor de las elecciones recién efectuadas se prestan al juego o a la intimidación, siempre habrá diputados de los demás partidos dispuestos, si les conviene en lo personal, a apoyar alguna reforma constitucional promovida por el presidente.

No debe olvidarse que el chapulineo es un fenómeno creciente en la Cámara de Diputados. En la LXII Legislatura (2012-2015) 23 diputados renegaron de sus partidos para sumarse a algún otro. Esta cifra aumentó a 57 en la LXIII Legislatura (2015-2018) y nuevamente creció, ahora a 95, durante la LXIV Legislatura (2018-2021), lo que significa que por lo menos 20% de los actuales diputados son unos traidores y desleales.

Las declaraciones de AMLO y AMLITO cayeron como una cubetada de agua helada sobre los que pensábamos que el bloque opositor PAN-PRI-PRD funcionaría para evitar que el primero desaparezca a los organismos autónomos constitucionales que tanto aborrece y fortalezca al poder Ejecutivo a expensas del Legislativo y Judicial.

Después de las elecciones del domingo, Moena y sus aliados controlarán 22 de los 32 congresos locales, asegurando que cualquier reforma a la Constitución sea aprobada por ellas.

¡Qué poco tiempo nos duró el optimismo! ¡Gracias, AMLITO!

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Eduardo Ruiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.

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