Ya sabemos que López Obrador espera lealtad ciega de sus colaboradores. ¿También de las fuerzas armadas? ¿Quién sabe? Ejército y Marina actúan con lealtad, respeto y obediencia hacia el comandante en jefe, o sea, el presidente de la República. Pero ¿a ciegas? Difícil creerlo... El momento que viven es extraordinario; por un lado, tienen responsabilidades y atribuciones nunca antes asignadas, algunas inverosímiles y desgastantes; por el otro, la sombra de las implicaciones que tendrá para el Ejército Mexicano la detención de un general de 4 estrellas, Salvador Cienfuegos Zepeda, una figura de larga trayectoria y reconocido por las aportaciones que hizo a la milicia; independientemente de lo que suceda en el juicio al que está sometido.

El general secretario Luis Cresencio Sandoval es un hombre joven, con una sólida formación, difícilmente conoceremos sus acuerdos y desacuerdos con López Obrador, el reconocimiento tardío del presidente. su responsabilidad en la liberación de Ovidio Guzmán hace creer que lealtad sí, pero no a cualquier precio y menos a ciegas. El Culiacanazo es una mancha con implicaciones legales, de acuerdo con el Código Penal, aun con el atenuante de la falta de una orden de aprehensión que no llegó antes de dejar en libertad al hijo de el Chapo. Saben que en EU se juega con reglas y tiempos distintos, y Ovidio era solicitado en extradición. Otro tanto sucedió con el tema de los puertos. López Obrador ordenó pasar el control a las fuerzas armadas; al final, la responsabilidad quedó sólo en Marina.

Después de que en campaña prometió regresar a los militares a los cuarteles, sucedió todo lo contrario, AMLO ha hecho del ejército un órgano multichambas: conduce y vigila pipas de Pemex, construye oficinas bancarias, aeropuertos, caminos y carreteras; además de las funciones de seguridad pública, migratorias, vigilancia de las fronteras, integración de la Guardia Nacional y, desde luego, las tareas que de naturaleza son propias del ejército y en algunos casos de la Marina. Para muchos, todas estas asignaciones hacen sentir que aumenta el poder de las fuerzas armadas, tal vez sea cierto, pero también constituyen un serio riesgo de fallar y deteriorar el prestigio que gozan ante la ciudadanía, hasta la semana en curso por encima del 80 por ciento.

El general Sandoval, por su trayectoria, sabe del poder y sus implicaciones que atrás se quedaron los golpes de estado que imperaron en el continente y no contagiaron al ejército mexicano, aun con episodios como el movimiento del 68, los clamores sociales en tiempos de Echeverría y López Portillo o el levantamiento del EZLN. Con 60 años de edad, Luis Cresencio Sandoval tiene mucho por delante, eso es bueno y malo, porque difícilmente estará en el encargo más allá del 2024, debe conocer la historia y cómo ha tratado a sus antecesores, sobre todo en los últimos 50 años: nueve generales estuvieron bajo el mando de otros tantos presidentes, independientemente de lo que ocurra con Salvador Cienfuegos, de las presiones contra Juan Arévalo; de los desafíos, disturbios y levantamientos que enfrentaron Marcelino García Barragán, Hermenegildo Cuenca y Antonio Riviello; los nueve libraron el sexenio de principio a fin. El complejo momento generado por la detención de Cienfuegos ha desatado mucha inquietud e incertidumbre; es normal, se trata de una figura relevante, condecorada y reconocida en el país que ahora está preso.

Para el titular de la Sedena, es un momento de quiebre, de revisar lo que han hecho y dejado de hacer en los casi dos años de gobierno, de evaluar si la carga de responsabilidades es compatible con las que ya tiene; en lo que decida irá de por medio su futuro y su paso por la historia. Para lo que decida, hay cuatro años por delante.

Twitter: @JMNaveja

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.