La agorafobia es un trastorno de ansiedad. Sus síntomas incluyen el miedo a los lugares abiertos, al transporte público o los centros comerciales. Sitios y situaciones que detonan sentimientos de pánico, ridículo e indefensión en quien lo padece. El medio ambiente se percibe inseguro y al no haber forma de escapar se provoca un ataque de pánico. Los casos graves viven recluidos y no son capaces de salir de casa.

Anna Fox, la protagonista de The woman in the window (Morrow) / La mujer en la ventana (Grijalbo), la súper exitosa novela de A.J. Finn, es agorafóbica. Vive sola con su gato, su marido y su hija la dejaron. Como L.B. Jeffries, el protagonista de La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock, Fox dedica buena parte de su día a espiar a sus vecinos a través de su cámara. Ve películas noir clásicas en el televisor, bebe Merlot y se automedica.

El cine de Hitchcock, y sus películas con James Stewart, son sus favoritas. Anna era psicóloga infantil hasta que algo sucedió y quedó recluida, incapaz de acercarse a una puerta o ventana abierta al exterior. Fotografía a sus vecinos, recibe fisioterapia una vez por semana, renta el sótano a un hombre misterioso y asesora a otros agorafóbicos en un foro de internet apropiadamente llamado Agora.

La agorafobia es producto de condiciones genéticas y ambientales. Es más frecuente en mujeres. Su gatillo son situaciones estresantes o traumáticas. Es una fobia específica y social, con síntomas similares a otros trastornos. Los agorafóbicos tienen alto riesgo de caer en depresión y en adicciones químicas. La palabra viene del griego agora (plaza pública) y fobia (miedo).

“Como doctor, digo que quien la padece busca un medio ambiente que pueda controlar. Ese es el acercamiento clínico. Como su víctima (y esa es la palabra), digo que la agorafobia más que devastar mi vida, se ha convertido en ella”. Nos explica Anna.

Nuevos vecinos se mudan a la casa de enfrente. Un matrimonio con un hijo adolescente. Anna los espía, conoce y pronto se ve involucrada en sus vidas. Una noche, mientras espía por la ventana es testigo de algo que no debería haber visto. No digo más.

La historia la conocemos porque ella es la narradora. Todo lo que sabemos es lo que ella ve, piensa y supone. Anna está fuertemente medicada, y bebe vino como si fuera agua. Es una nueva y eficaz versión de la narradora poco confiable.

Al igual que la narradora amnésica de Before I go to sleep (No confíes en nadie) de S.J. Watson o la mujer alcohólica de La chica del Tren de Paula Hawkins, es la versión moderna, doméstica y femenina de un arquetipo indispensable para policial clásico: el testigo tan involucrado en la historia que es incapaz de atar cabos y resolver el caso. Anna es una heredera contemporánea de Watson, del capitán Hastings o la institutriz de Otra vuelca de tuerca de Henry James. La novela es un misterio de cuarto cerrado en el que quién está encerrado es el “detective”.

Finn es un escritor cuidadoso. Mantiene el tono subjetivo en su narrador mientras va dejando pistas que piensa retomar más tarde. Es consciente de las reglas del whodunit. Nos suministra cortinas de humo, pistas falsas, distracciones y detalles clave. ¿Podemos creer a lo que Anna dice que vio? ¿Podemos confiar en que ella nos está diciendo la verdad? La acumulación y la incertidumbre van creando una atmósfera inquietante.

La novela es adictiva, casi imposible de dejar a un lado. Combinación de una fórmula de thriller que conocemos (y el autor sabe que la conocemos) y una prosa ágil e inteligente. Sabemos que ya hemos visto esta película, o una variante de la misma, y aún así nos seduce hasta lo insoportable.

Lo más llamativo del libro, sin embargo, no tiene tanto que ver con la premisa voyeurística, ni las referencias de género literario y cinematográfico. Tiene que ver con la manera en que Anna se define a sí misma: una mujer talentosa y en la cima profesional que básicamente destruyó su vida. Su agorafobia es un exilio de su propia vida.

Les dice a los otros que hará una cosa, nos dice a nosotros que (por supuesto) no la piensa hacer. Les miente a los demás al mismo tiempo que a sí misma. El verdadero misterio se vuelve saber hasta qué punto Anna se miente, hasta qué punto nos engaña a nosotros y hasta dónde será reivindicada o juzgada por los demás. Todos son temas que conectan con el zeitgeist, los encabezados y escándalos de nuestro tiempo.

No sorprende en absoluto que Finn haya alcanzado la cima de la lista de best-sellers en buena parte del mundo. Que su libro haya vendido más de dos millones de ejemplares. Que una película esté en camino y muchas cosas más.  El propio A.J. Finn es también una creación. Un pseudónimo de Daniel Mallory, ex editor de William Morrow, graduado de Oxford, crítico literario y colaborador de media docena de suplementos literarios. Un escritor talentoso que se sabe los trucos para mantenernos encerrados junto a Anna Fox, leyendo absortos hasta la última página.

Twitter @rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).