En días pasados, circuló por internet una noticia falsa en la que el Premio Nobel de Medicina 2008, Luc Montaigner, afirmaba que las personas que habían recibido la vacuna contra el Covid-19 morirían dentro de un lapso de 2 años. El francés ganó el Premio Nobel junto a otros dos científicos por haber descubierto el virus del VIH, el virus que causa el SIDA.

La noticia falsa se hizo viral a nivel mundial y en varios medios se replicó, entre muchas declaraciones que hizo sobre la vacuna del Covid-19, el hecho de la muerte en un lapso de 2 años. Esto sin duda causó revuelo y temor, en una comunidad cada vez más desconfiada de lo que en otras épocas representaba “una voz de autoridad”. La verdadera declaración de Montaigner apuntaba que “la curva de vacunación está seguida por la curva de muertes por la amplificación de la infección dependiente de anticuerpos”, que según el científico crea enfermedades más severas. Este argot científico, hay que descifrarlo palabra por palabra para ver a qué se refería el científico. Lo que es un hecho es que no afirmó que los vacunados morirían en dos años y esto fue una creación de las noticias falsas.

La figura de Montaigner no se ha visto, sin embargo, fuera de las polémicas científicas. Después de ganar el premio Nobel, ha sido un férreo opositor a cualquier tipo de vacunas  y defensor de la teoría pseudocientífica de la memoria del agua, totalmente descartada por la comunidad. Ante su relevancia como ganador del Nobel, en varias ocasiones comunidades de científicos han tenido que manifestar su posición contra las afirmaciones del científico.

Este ejemplo, nos muestra cómo la divulgación científica hoy en día es todo un reto. Supone por ejemplo, acostumbrar a las personas a descifrar un argot de términos que hay que descifrar uno por uno, a familiarizarse con el método científico o incluso, a integrar conceptos que forman parte de la epistemología (o sea, la forma en la que se construyen las ciencias). Además, el tema de la divulgación científica se enfrenta también a una condición humana sine qua non, que es nuestra disposición como seres humanos a explicar los fenómenos que suceden en nuestra realidad por medio del pensamiento mágico. El pensamiento mágico se encuentra presente en todos los seres humanos sin excepción, en algunos en mayor o menor grado, dependiendo de diferentes variables y no importando el grado de estudios o la ideología que se profese. A toda esta receta, también se agregan factores como la histeria y el miedo colectivos ante lo desconocido que en un inicio se encontró fuera de los límites del control de todos, como lo fue la vivencia de esta pandemia.

En estas circunstancias, los deberes de las diferentes comunidades resultan importantísimos, incluso para parar una pandemia. La comunidad científica se enfrenta al gran reto de que, aunque hoy la ciencia tiene una voz más importante que en otras décadas, la divulgación tendría que ser más accesible, pero sin pecar de condescendiente, o menos simplista sin pecar de soberbia. La hiperinformación a la que tenemos acceso, debe de ir acompaña de un espíritu crítico muchas veces empañado por el sesgo operacional, es decir, el sesgo que hace que sólo pongamos atención a las noticias o hechos que concuerdan con nuestras creencias.

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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