En materia económica, el actual gobierno ha hecho cumplir las leyes fiscales quizás como ningún otro en el pasado. El SAT ha hecho una labor envidiable con relación a la actualización de los impuestos que grandes contribuyentes sorprendentemente, habían omitido. El telón cayó, el viejo pretexto de que las empresas porque cotizan en la bolsa, eran impecables en materia fiscal y de gobierno corporativo, se vino abajo. A todos nos ha sorprendido que América Móvil, FEMSA, Hewlett Packard, Wal-Mart, Volaris, Elektra, IBM, Grupo Modelo, Minera Fresnillo, más las que se vayan sumando, operaban en nuestro país sin aportar correctamente sus impuestos al estado. El manejarse con el halo de que, por estar listadas en la Bolsa Mexicana de Valores, todo era perfecto permitió a estas empresas y muchas más lograr importantes utilidades mientras el resto de la sociedad mexicana pagaba las consecuencias. Así, la clase media quien es realmente la que sostiene al gobierno a través de sus impuestos y al país mediante la creación de la mayoría de los empleos, se encontró con la novedad de que existe un 60% por ciento de la población que trabaja, gana dinero y no paga un peso de impuestos vía la informalidad y, un grupo de grandes empresas, que tampoco lo hacen de manera completa.

Lo mismo ha ocurrido con alguna parte de la revisión de los contratos de gas, energía eléctrica y petróleo en donde pareciera difícil de creer que sí se suministra, por ejemplo, gas, el Estado paga y sino también. Como el presidente López Obrador lo mencionó en la pasada convención bancaria de la ABM, se pueden hacer negocios, pero no a carretadas como ha sido la constante para unas pocas empresas y empresarios a lo largo de muchos años. Nuestro país es, en efecto, una tierra de oportunidades por los recursos naturales, el tamaño de su clase media y, el número de personas marginadas que también representan un área de oportunidad, pero no para unos cuantos que lo mismo están en un negocio, que en otro y otro y otro. Es tiempo de abrir espacios para nuevos jugadores y, por supuesto, para que la mayoría de los empresarios del país puedan tener acceso a más negocios. Está pendiente, sin embargo, que el gobierno haga un mayor esfuerzo por fomentar la actividad económica, aumentar la inversión productiva y la creación de puestos de trabajo. El primer gobierno de izquierda ha demostrado que, en materia fiscal, antes que nada, se cumple con el pago, falta el fomento a la inversión. El propio secretario Arturo Herrera ha adelantado la necesidad de hacer cambios fiscales, lo que todos debemos de esperar es que, estos cambios, no se recarguen en los mismos de siempre, sino que se enfoquen en las grandes empresas y sobre todo, en los comercios informales que son los que siempre se salen por la tangente.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

Lee más de este autor