La economía mexicana requiere seguir impulsando y protegiendo a las pequeñas y medianas empresas (pymes). Como en todas las economías del mundo, las pymes son el verdadero motor del crecimiento y desarrollo. Ningún país puede vivir sin este tipo de empresas que avanzan un escalón del autoempleo hacia el empleo permanente en una secuencia económica más completa que permite mayor generación de fuentes de trabajo, crecimiento, así como más tributación al Estado. Por su origen, evolución y necesidad de permanencia en el tiempo, las pymes requieren de apoyo especial. en primer lugar, por parte del Estado y de los capitales privados; en segundo lugar, por ser las mayores generadoras de empleo, a todo gobierno le interesa la creación constante y, sobre todo, permanencia de estas empresas. En la economía no existe otro tipo de empresas, ni el Estado mismo, que produzca mayor número de empleos, por lo que permiten la mayor movilidad social y económica.

Nuestro país no debe ser excepción, por lo que se requiere mantener e incluso crecer aún más los apoyos que las pymes requieren para emerger, crecer, madurar y mantenerse vivas dentro del ecosistema económico. El Estado a través de la banca de desarrollo —Nafin y Bancomext—, y una eficaz política tributaria de estímulo, dirigida por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, deben seguir apostando al fortalecimiento de una política pública dirigida al impulso de las pymes. Una vez consolidadas, estas empresas necesitarán del apoyo de la banca mexicana quien debe comprometerse más con su desarrollo de lo que hasta ahora se percibe. El resto del capital privado puede ser un complemento adicional a través de fondos de inversión y capital semilla, ambos esquemas sumamente escasos para el tamaño de nuestra economía. Unos pocos créditos de la banca privada, con el apoyo de Nafin y Bancomext, un pequeño número de fondos de capital semilla o de riesgo y sin una política tributaria de estímulo a la pyme no serán suficientes.

Necesitamos ir por más para mantener a las pymes mexicanas como el principal motor de crecimiento. En México, más de 95% de las empresas es pyme y 70% de todos los empleos formales —que pagan impuestos y cuotas de seguridad social— los producen este tipo de empresas. El tener claro el concepto e importancia de estas empresas por parte del Estado y capital privado permite conjurar el mito de que es el gobierno y la gran empresa quienes generan los empleos que realmente se necesitan. Estos agentes económicos —gobierno y gran empresa— son sin duda los que generan las mayores cantidades de inversión que toda economía requiere para crecer y sostener el nivel de crecimiento; empero, son las pymes las que llevan a los mexicanos al trabajo y, por tanto, a mejores niveles de bienestar al permitirles un ingreso permanente.

La importancia de nuestras pymes es tal que representan más de 55% del PIB y muchas de ellas, a raíz de la apertura comercial, están involucradas con el sector externo a través de la proveeduría de segundo y tercer nivel, lo que representa una oportunidad invaluable para asegurar tasas de crecimiento sostenido. Con relación a las pymes, el reto de México estriba en que cada día surjan más a través de estímulos públicos y privados al emprendimiento y, sobre todo, se destaca, lograr su permanencia en el tiempo porque lamentablemente son pocas las que llegan a perdurar por más de cinco años. Para una economía como la mexicana que requiere más de 1 millón de puestos de trabajo al año, es imperativo que tanto el sector público como el privado se tomen de la mano en apoyo a lo que representa el sector más importante para nuestro crecimiento y generación de empleos. Lo que hasta el momento se ha hecho es relevante, pero se requiere más, particularmente, del lado de estímulos fiscales a la creación de nuevos empleos y, también, el fomento a la creación de más fondos de inversión privados que apoyen a estas empresas.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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