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Opinión

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Erdogan tiembla

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Los regímenes populistas suelen ser muy ineficientes a la hora de enfrentar emergencias y desastres nacionales. Por ejemplo, recuérdese como gestionaron mal la pandemia del coronavirus. Según el índice Covid-19 Global Response Index, dedicado a analizar el manejo de la crisis por distintos gobiernos, los países gobernados por populistas durante los años 2020 y 2021 aparecen entre los peores calificados, Brasil México y Estados Unidos entre ellos. Ahora, con el devastador terremoto en Turquía es Erdogan quien exhibe las deficiencias de los autoritarios. El desastre ha matado al menos a 22,000 personas, cientos de miles han perdido sus hogares y las cifras van al alza mientras las preguntas y críticas contra el régimen son cada vez más fuertes. La ayuda tardó en llegar, los edificios se pudieron haber construido de manera más sólida, el gobierno fue omiso y no prestó atención a las advertencias de los expertos, etc.

Turquía estaba emplazada para celebrar elecciones presidenciales el 14 de mayo, aunque esa fecha está en duda. Ya antes del sismo los comicios llegaban en un momento inoportuno para Erdogan, con la inflación disparada, la lira turca debilitada y unas encuestas empatadas. Hasta el sismo el debate se centraba en la economía, el recorte de libertades y la crisis de los refugiados. Pero esta catástrofe se ha convertido en el asunto central y definitorio de la campaña electoral. Malas y demagógicas decisiones de Erdogan estarán presentes en la conciencia de los electores. Según informa el semanario alemán Der Spiegel, el presupuesto de la agencia dedicada a combatir desastres naturales (AFAD) se redujo a unos 100 millones de euros en los últimos dos años, mientras el de la autoridad religiosa Diyanet casi se triplicó al equivalente de 1,700 millones de euros.

La Cámara de Ingenieros Geofísicos de Turquía realizó un extenso estudio prediciendo los enormes riegos de un terremoto, pero tanto la administración nacional como las autoridades locales ignoraron los resultados. La oposición acusa al gobierno de haber malversado el llamado “impuesto contra terremotos”. También se toleró en la zona hoy afectada una construcción descontrolada. Creció de manera exorbitante el número de viviendas precarias, legalizadas por el partido en el gobierno para captar votos entre las clases desprotegidas.

Peor aún, el año pasado, el gobierno rechazó una iniciativa de la oposición para inspeccionar los edificios públicos y apenas dos semanas antes del terremoto el alcalde de la ciudad de Savaş, la cual resultó muy afectada, advirtió de las insuficiencias en las medidas de prevención “No puedo decirles cuántas veces hemos escrito a los ministerios, la mayoría sin respuesta”, declaró en una entrevista.

Se cierne como nunca la posibilidad de una derrota electoral para Erdogan, quien bien lo sabe, por eso prometió reconstruir las ciudades y pueblos destruidos “en solo doce meses” (sí, como la nuestra línea 12), pero no explica cómo hacerlo en el contexto actual de crisis económica. También ha incrementado la de por sí severa censura a los medios. “En un momento como este, no puedo soportar ver a la gente haciendo campaña para obtener ganancias políticas”, dijo muy indignado. Particularmente polémico fue el bloqueo temporal a Twitter, pese a haberse convertido la red social en el principal medio de organización ciudadana ante el desastre.

Sin embargo, pese a tanta indignación y descontento no es posible descartar del todo una reelección de Erdogan, quien se ha dedicado a minar el equilibrio de poderes y los controles constitucionales. Además, maneja a su gusto a la autoridad electoral, la cual pretende impedir el registro como candidato opositor del muy popular alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu.

También sabe echar mano del presupuesto del Estado para la compra del voto y siempre tiene la posibilidad de provocar una crisis internacional para inflar el nacionalismo turco.

Además, podría abusar del estado de emergencia, impuesto a causa de la emergencia nacional. Sin embargo, al presidente se le nota iracundo e inseguro. A fin de cuentas, los turcos pronto tendrán la oportunidad de deshacerse de un régimen autoritario, ineficaz y corrupto.

 

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