Entre las prioridades del gobierno se encuentra el apoyo a los adultos mayores y eso no tiene nada de malo. El problema radica en que el gobierno parece conformarse con la entrega de apoyos monetarios, lo que, más allá del severo impacto sobre las finanzas públicas ahora y en el futuro, desestima otras acciones que mejorarían la vida los adultos mayores y prepararían mejor a México para enfrentar el inexorable envejecimiento poblacional,

La edad mediana de los mexicanos en el 2000 fue de 22 años. Ahora es de 29 años y para 2050 será de 39. Cerca del 12% de la población son adultos mayores a sesenta y, para el 2050, será más del 21.5% según CONAPO. La transición demográfica es irreversible y viene de tiempo atrás. El número de niños por mujer pasó de siete en los sesentas a dos actualmente. Refleja cambios positivos, como son las mejoras en la salud y alimentación, la reducción en la mortalidad infantil, una mayor esperanza de vida así como la mayor escolaridad y participación de las mujeres en la fuerza laboral. Tiene también grandes implicaciones económicas. Según un estudio del CIEP, mientras que en 2015 por cada 100 personas en edad laboral había 10 adultos mayores de 65 años, en 2050 serán 26, elevando así el índice de dependencia.

México ha gozado del llamado “bono demográfico” por cuatro décadas. Se considera bono porque es el periodo en que las personas en edad laboral representan una mayor proporción que aquellas en la llamada edad de dependencia (niños pequeños y adultos mayores), y es una oportunidad dorada para aumentar el ahorro, la inversión y la productividad en el país. Sin embargo, el bono está llegando a su fin y la ventana de oportunidad se cierra. ¿Nos condena esto a peores niveles de vida dada la transición demográfica? No necesariamente, hay países cuyo envejecimiento poblacional inició antes y que mantienen altos niveles de vida, como los europeos, Japón, Canadá y Estados Unidos.  Pero para asegurar un mejor futuro ante el envejecimiento poblacional, tenemos que acelerar el crecimiento económico y mejorar las condiciones no solo de los adultos mayores, sino también las de las generaciones más jóvenes, preparándolas para desempeñarse mejor en un mundo cambiante, mejorar la educación, alcanzar la protección social universal, elevar la productividad y brindar mejores oportunidades de desarrollo para todos.

Para los millones de adultos mayores que carecían de una pensión, los recursos que reciben son sin duda un alivio, lo que no quiere decir que sus necesidades estén resueltas o que la política pública seguida hay sido la acertada. Según el CIEP, las pensiones contributivas (del IMSS y el ISSSTE) y las no contributivas, representaron este año el 4.8% del PIB, y subirán al 5.1% en 2022, más que todo lo recaudado por el IVA . Por las reformas y la tendencia demográfica, el gasto en pensiones continuará creciendo, dejando menos recursos para otras prioridades. Por otra parte, el sistema de salud en México se encuentra lejos de estar preparado para enfrentar el envejecimiento poblacional y hay pocas señales de avance en este sentido. Según la revista The Economist, México cuenta con solo 700 médicos especialistas en geriatría para una población de 126 millones de personas. La cancelación del Seguro Popular y su sustitución por el INSABI dejó a millones sin acceso a servicios de salud. Tampoco estamos preparados para atender adecuadamente los padecimientos físicos y de salud mental característicos de personas de mayor edad. La infraestructura y personal para ofrecer servicios de cuidado sigue siendo muy limitada y, la estructura y vida de las familias mexicanas, aunque le pese al Presidente, nos alejan de la visión tradicional de que los hijos y en particular las hijas, se ocupan de los padres en edad avanzada, algo cada vez menos frecuente y no por falta de amor filial o pérdida de valores. Según CIEP, el gasto público enfocado a cuidados se ha reducido al cancelarse programas como Estancias Infantiles y Escuelas de Tiempo Completo y se dirige primordialmente a la niñez, principalmente a través de las instituciones de seguridad social a la que no tienen acceso la mayor parte de los mexicanos. Muy poco se va al cuidado de adultos mayores (excluyendo las pensiones). Atender realmente a los adultos mayores hoy y enfrentar mejor la transición demográfica, requiere más que la entrega de pensiones. Ante una ventana de oportunidad que se cierra, no hacerlo saldrá carísimo para el país.

*El autor es especialista en políticas públicas. Profesor de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey. Opiniones personales.