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Opinión

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Entre la globalización y el nacionalismo

El regreso a posiciones soberanistas en muchos países, con la intención segregacionista de una parte de sus territorios, es una presión social a las dificultades que los gobiernos tienen para resolver los problemas nacionales. Han emergido movimientos nacionalistas e independientes que plantean reivindicaciones. El fenómeno no es nuevo. Además de los seres humanos, también mueren las naciones. En Europa, los gobiernos de los países han perdido autonomía porque esencialmente dependen de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo y del Parlamento Europeo. Estas instituciones se han excedido en regulación. Es notable el grado de condicionamiento que ejercen sobre los gobiernos de la Unión Europea por medio de normativas políticas y sociales.

Por ello, los estados nacionales están perdiendo capacidad de gestión. La población que padece las consecuencias les exige preservar los avances sociales, erosionados por una política restrictiva a partir del 2008. Las instancias supranacionales conducen a que los gobiernos pierdan legitimidad de gestión. Ello explica el desprestigio de los gobernantes de Francia, Italia, España, Grecia, entre otros, que no pueden llevar a cabo sus propuestas porque chocan con la normatividad de la Unión Europea. Los candados son demasiados. Líderes jóvenes como Valls en Francia, o Renzi en Italia han descubierto que existe un engranaje difícil de romper. Al espíritu sanguíneo inicial de ellos, le ha seguido una triste pero realista posición resignada.

Pero el nacionalismo emergente también es una ilusión y además pretende reinstalar un estatalismo que ha sido cuestionado por sus nefastas experiencias. Lo paradójico es que la interdependencia entre países es destino. Hay una realidad: continuar en el estancamiento a menos que se realicen programas de estímulo fiscal, monetario y cambiario, políticas que tienen sólidas resistencias por parte de los países líderes de Europa. De no ocurrir, a pesar de sus costos de mayor inflación, pasará lo de Japón, que ha vivido una prolongada depresión por la restricción del crédito, la baja salarial y los ajustes fiscales. La OCDE ya está urgiendo políticas activas de empleo.

Todo esto ocurre ante escenarios paralelos de peligro, como es la relación tensa entre Europa y Rusia por Ucrania y los energéticos. Además, la presencia desestabilizadora del Estado Islámico, una mezcla de fanatismo irracional y crueldad desenfrenada, que ha sumado a 30 países para eliminarlos. Esto agrega dificultades a los problemas como son la crisis económica, las manifestaciones nacionalistas y antisistema. También ocurren importantes alertas para Europa, que a pesar de las dificultades logró ser solidaria en la diversidad. Con todos sus tropiezos tiene el mejor nivel de vida, con su Estado de Bienestar, gracias a su organización económica, liderazgo tecnológico y ventajas competitivas.

Europa está en un profundo proceso de cambio con mucha discusión política, porque advierten que relativamente se está rezagando en comparación con Asia. En esta década 60% del incremento del PIB mundial se producirá en Asia. Es un aviso importante para realizar transformaciones institucionales y productivas.

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