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Opinión

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En plena crisis, Pemex está ida

Pablo Zárate

En el 2020, Pemex ha emitido 28 boletines “nacionales” de prensa. La gran mayoría, 75%, está dedicada a acciones de salubridad —algo inusual para una petrolera. Pero es entendible: en una crisis, es importante estar presente. Los hospitales de Pemex, uno en particular, ya están atendiendo a 51 pacientes, con 13 hospitalizados y siete muertos.

Nada de esto tiene que ver con el coronavirus. La crisis de salud a la que Pemex ha dedicado toda esta atención gira en torno a la heparina sódica, un medicamento antitrombótico con acción anticoagulante. Los hospitales de Pemex, desafortunadamente, “administraron producto contaminado”. De acuerdo con los laboratorios que producen el medicamento, en realidad fue un producto adulterado o falsificado. Hay mucho por explicar. Pero por ahora hay que reconocer que Pemex ha estado presente y, dentro de lo que cabe, ha sido transparente.

Sobre el Covid-19, en contraste, Pemex no ha difundido prácticamente nada. Ninguno de sus 28 comunicados lo mencionan. En lo que va del mes, sólo un tuit de la cuenta corporativa de Pemex lo menciona, y lo minimiza: “Hay cinco casos confirmados de #Covid-19, todos con síntomas leves e importados desde el extranjero. Hasta hoy no hay casos de transmisión en territorio nacional #MeInformoYMeCuido #CoronavirusMx”. El tuit incluye una infografía del gobierno federal que afirma que “La economía mexicana ha resistido el embate del virus. El peso ha resistido la depreciación que otras monedas han experimentado”. También instruye que “No hay razón para compras de pánico de cubrebocas o de gel antibacterial”.

Ese tuit no ha envejecido bien. Pero Pemex no se ha sentido obligada ni a corregir ni a actualizar. Aparentemente, el tema ya no es de interés.

Cuando los precios del petróleo colapsaron, Pemex trató de argumentar que buena parte producción era inmune a la caída de los precios gracias a las coberturas. También minimizó el riesgo e impacto de las próximas amortizaciones. Pero, como Javier Blas, de Bloomberg, recordó: la petrolera había reconocido que su cobertura aplica a menos de 20% la producción. Desde ese primer mensaje, Pemex se ha dedicado a ignorar o minimizar el contexto.

Hoy, gracias al trabajo de expertos y autoridades internacionales, es claro para cualquiera que siga las noticias que no es momento para reunirse o congregarse. Pero justo ayer, con precios históricamente desfavorables para las petroleras, Pemex convocó al presidente, funcionarios y petroleros para celebrar masivamente el aniversario de la expropiación petrolera.

El contenido del mensaje fue igual de disonante. Contrario a empresas estatales como Ecopetrol, que han anunciado agresivos planes para recortar inversiones y optimizar sus recursos, Pemex no aprovechó su convocatoria para develar un plan de contingencia. Mejor usó los reflectores para presumir que produce, de acuerdo con sus datos, más eficientemente que los líderes petroleros globales. Pemex se ha ido rescatando del neoliberalismo: este el mensaje de fondo. ¿Para qué preocuparse?

Qué mal ejemplo

Cualquier compañía que quiera sobrevivir una crisis necesita un plan para navegar a través de la tormenta. Sus directivos tienen una enorme responsabilidad. El bienestar y la recuperación de muchos, desde los dueños y empleados hasta las comunidades donde trabajan y los clientes a los que sirve, dependen de sus decisiones. Por ahora, sin embargo, la empresa más importante del país se rehúsa a reconocerlo. No tiene plan, ni para cuidar la salud de sus empleados, ni para salvar sus activos rentables, ni para estabilizar sus finanzas. En un momento de llamado histórico, la mítica Pemex no responde. Está ida, inconsciente.

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