Trabajar de la mano del desarrollo sustentable y sostenible es una gran opción para las empresas que tienen la visión de lograr un entorno en el que se pueda vivir con calidad y de una manera más responsable.

¿Sustentable o sostenible? Con la creación de nueva literatura relacionada a este tema, se ha desarrollado un debate en cuanto al uso de estos dos términos. “Sustentable” proviene del inglés sustainable y se refiere a un cierto dinamismo y perdurabilidad en el tiempo. “Sostenible” proviene del verbo en español “sostener” y denota un significado más estático: “detener o mantener firme”.

Lilly Wolfensberger Scherz, autora del libro Sustentabilidad y desarrollo: suficiente siempre, define la connotación dinámica de sustentabilidad: “Es el esfuerzo necesario para que un proceso dinámico se mantenga, superando los escollos que pueda encontrar; obliga, por lo tanto, a la identificación de las condiciones necesarias para que el sistema no solo sobreviva, sino para que pueda seguir avanzando”.

Generalmente, el término “sustentabilidad” se relaciona con el desarrollo económico y comercial; es decir, el desarrollo sustentable. A este respecto, una de las características que tiene la definición de “economía” es que los recursos que se administran son escasos. Además, nadie en ninguna parte del mundo cuenta con recursos ilimitados de ninguna clase. 

El desarrollo de las naciones no está peleado necesariamente con el abuso de estos recursos, pero se debe ser muy responsable con su administración para que se pueda hablar de un futuro a mediano y largo plazos. Vivimos en un mundo interconectado que requiere de una coordinación y colaboración entre todas las entidades nacionales e internacionales para hacer el uso más inteligente y perdurable de los recursos disponibles en el planeta. 

En 1987, la ONU reunió a participantes de varias naciones para redactar un informe en el que se analizaran, evaluaran y se replantearan las políticas del desarrollo económico de los países. Esta iniciativa quería dar una respuesta clara al alto costo medioambiental generado por el desarrollo económico en la segunda mitad del siglo XX. El informe se tituló Our Common Future y fue encabezado por la primera ministra noruega de entonces: Gro Harlem Brundtland. 

A través de este tipo de acciones y esfuerzos se consigue una manifestación clara de responsabilidad social a nivel mundial de lo que las generaciones futuras heredarán de la generación presente. No hay mejor forma de instaurar una cultura de responsabilidad que a través de un esfuerzo concreto y conciso que genere una mayor consciencia a nivel global.

Desde entonces han cobrado gran importancia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), conocidos también como SDG, por sus siglas en inglés (Sustainable Development Goals), surgidos a partir de las iniciativas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. 

Los ODS surgieron como una continuación de esta agenda y se ampliaron a 17 objetivos con 169 metas a alcanzar para el año 2030. Su finalidad es atacar con más eficacia las causas fundamentales de los problemas sociales, especialmente la pobreza, y lograr un desarrollo universal a favor de todos.

A raíz de este análisis y planeación estratégica para erradicar los problemas sociales se descubren tres dimensiones básicas de un buen desarrollo sustentable:

Crecimiento económico: fin de la pobreza; hambre cero; trabajo decente y crecimiento económico; industria, innovación e infraestructura; y ciudades y comunidades sostenibles.

Inclusión social: salud y bienestar para todos; educación de calidad; igualdad de género; reducción de las desigualdades; paz, justicia e instituciones sólidas; y alianzas para lograr los objetivos.

Protección del medioambiente: agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, producción y consumo responsable, acción por el clima, vida submarina y vida de los ecosistemas terrestres. 

Aunque toda la sociedad tiene la responsabilidad de contribuir al desarrollo sustentable –y sostenible–, las empresas desempeñan un papel crucial en este objetivo. Su impacto en el bienestar colectivo e individual es clave: ayudan a mejorar la vida de las personas mediante los productos que ofrecen y los servicios que prestan, contribuyen al desarrollo económico y social, y su actividad tiene un efecto directo sobre el entorno y el medio ambiente.

Trabajar de la mano del desarrollo sustentable y sostenible es una gran opción para las empresas que tienen la visión de lograr un entorno en el que se pueda vivir con calidad y de una manera más responsable.

*El autor es profesor del Área de Factor Humano de IPADE Business School.