Desde el miércoles 23 y hasta el domingo 26 de mayo del 2019, cerca de 420 millones de ciudadanos europeos, de los 28 países que conforman la Unión Europea (UE), están llamados a las urnas para elegir a quienes los representarán en una de las instituciones más representativas de la UE, el Parlamento Europeo, compuesto por 751 eurodiputados, congregados en ocho grupos políticos.

El Parlamento Europeo, encargado de aprobar el presupuesto comunitario, participa en la elaboración de la legislación europea a escala supranacional y ejerce el control político sobre el Ejecutivo de la Unión Europea. Es la única institución cuya elección tiene lugar mediante el sufragio universal.

La cita que ocurre cada cinco años desde 1979, hoy tiene un significado distinto. La mala gestión de la crisis económica por parte de la UE, que terminó castigando en exceso al ciudadano de a pie, las oleadas de migrantes y refugiados que han motivado discursos xenófobos oportunistas, y la lenta reacción de la Comisión Europea frente al abandono de los valores de la unión por parte de países como Polonia, Hungría y, recientemente, Rumania, han propiciado el descontento y también el desencanto, sobre todo en las nuevas generaciones de europeos, que ven con distancia y recelo las decisiones que se toman desde Bruselas.

Lo anterior ha sido el caldo de cultivo para el ascenso de la extrema derecha en Europa en la última década, que hoy en día está presente en 17 parlamentos nacionales y que ingresará a la Eurocámara con una presencia que, según los sondeos, rondará en 20 por ciento, insuficiente para bloquear decisiones importantes, pero preocupante por su presencia cada vez más constante en el mapa europeo.

Los democratacristianos (PPE) y la alianza de los socialdemócratas (S&D), como grupos políticos mayoritarios, se verán obligados a coaligarse. Los primeros con los liberales (ALDE), y los segundos con las demás fuerzas progresistas de la Eurocámara (GUE-NGL y el Grupo Verdes/ALE). No sólo se trata de aislar a la extrema derecha. Es preciso reivindicar a Europa y acercarla a las preocupaciones reales de los ciudadanos.

Crisis de identidad

Estas elecciones europeas, con el proceso del Brexit a cuestas, constituyen un pulso sobre la credibilidad del proyecto comunitario, que atraviesa por una significativa crisis de identidad. Por ello, resulta inaplazable que la UE vuelva su vista al ciudadano; porque ese es el espíritu del proyecto europeo. Ya lo decía Jean Monnet, desde los albores de la construcción de lo que hoy conocemos como Unión Europea: “No coaligamos Estados. Unimos hombres”.

Luis Huacuja Acevedo es el responsable del Programa de Estudios sobre la Unión Europea, UNAM

Twitter @Luis_Huacuja_A