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Elecciones de EU, ¿y México?

Llegaron por fin las elecciones de Estados Unidos. A reserva de contar con los resultados finales —que pueden tardar semanas— pareciera haber dos ganadores y un derrotado. Los primeros serían Joe Biden y Ron DeSantis, gobernador de Florida, y el gran derrotado sería Donald Trump.
Biden ganó porque superó las expectativas, la debacle demócrata que presagiaban todos los medios, no sucedió. A excepción de Bush en el 2002, los partidos en el poder suelen ser arrollados en las elecciones intermedias perdiendo un gran número de representantes y de senadores. Bush en el 2006 perdió 32 representantes y seis senadores; Obama en el 2010 perdió 63 y seis; Obama en el 2014 perdió 13 y nueve; Trump en 2018 perdió 41 y dos. Si las tendencias se confirman, el Partido Demócrata habría perdido menos de 10 (algunos pronosticaban hasta 50) y habría ganado un senador o quedado tablas. El Partido Demócrata parece haber recuperado Michigan y Pennsylvania que les había arrebatado Trump y defiende Colorado, New Hampshire y Arizona (hasta ahora) que serán clave en el 2024. El llamado de Biden a defender la democracia frente al trumpismo parece haber surtido efecto y este éxito relativo legitima, hasta cierto punto, su agenda económica.
El gran perdedor de esta elección es Donald Trump, sobre todo hacia el interior de su partido. Trump impulsó en las primarias a candidatos al Senado como el presentador de televisión Dr. Oz en Pennsylvania, el exjugador de futbol americano Hershel Walker en Georgia (que aún puede ganar en segunda vuelta), y en la Cámara a candidatos que defienden la mentira del fraude del 2020 y unos que incluso fueron parte de la insurrección del 6 de enero. Estos eran a todas luces impresentables e inelegibles en una elección que no estuviera cerrada al Partido Republicano. Haber nominado a este tipo de locos llevó al Partido Republicano a perder muchas contiendas que daban por ganadas. La larga lista de enemigos al interior del partido que Trump ha cosechado durante años está más que lista para colgarle y cobrarle este fracaso.
Este fracaso es oro molido para Ron DeSantis, el otro ganador de esta elección. El gobernador ultraconservador de Florida arrasó en las elecciones en su estado —para términos prácticos Florida ya no es un estado competido— y es el que capitaliza la derrota del expresidente. También es un político con posturas ultraconservadoras y antiinmigrantes, pero es un insider del partido y por ende más tolerable para los liderazgos y para los votantes moderados. Si antes era el mejor posicionado, hoy ya no hay duda de que DeSantis es la opción para los republicanos que se quieren deshacer de Trump.
No es obvio qué implicaciones tiene todo esto para México.
Por una parte, con los republicanos con su mayoría tomarán control de los comités de ways & means y appropriations que definen impuestos y presupuestos. Desde ahí es muy probable que impulsen una línea mucho más dura y con más presupuestos a la frontera y a seguridad. También es probable que los lobbies agrícola y energéticos ganen poder e influencia sobre las disputas comerciales con México en el marco del TMEC.
En cuanto al Ejecutivo, estaremos ante un gobierno más fuerte por su victoria que probablemente dedique la retórica de su política exterior en esta segunda mitad a la guerra en Ucrania y al cambio climático, pero donde el verdadero tema es la disputa con China. Sin duda los dos primeros son temas espinosos en la relación bilateral, pero atendibles si dejáramos de lado telarañas mentales y nos enfocáramos en aprovechar el tercero.