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Elástica, la demanda de refrescos: investigadores
El impuesto al refresco aplicado en México a partir del año pasado genera pasiones y posiciones variadas. Que si el único beneficiado es el erario porque el consumo no tiene mayor impacto, que si es una medida insuficiente porque las causas del sobrepeso y obesidad son multifactoriales, que no diferencia entre bebidas con mucha o con muy poca azúcar, que si la demanda del refresco es inelástica (de consumo inamovible aunque se suba el precio), que en realidad es totalmente elástica.
Que para que funcione verdaderamente debe ser integral, es decir, sumar otras medidas para impulsar a la gente a tener hábitos saludables; que los multimillonarios recursos obtenidos por dicho gravamen deben destinarse y etiquetarse para el objetivo, es decir, combatir obesidad y sobrepeso.
En general, las posiciones se podrían resumir en dos: la de la industria que, obviamente al ser afectada en sus ventas, considera que el problema no debe combatirse con impuestos, y el de las agrupaciones que impulsaron el propio impuesto, que piden sumar medidas más intensas.
Todo esto se hizo ver en la mesa Resultados preliminares del impuesto a bebidas azucaradas y alimentos básicos de alta densidad energética sobre sus precios y consumo . Fue una de muchas mesas presentadas en el Congreso de Investigación en Salud Pública #CONGISP2015, organizado por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) en la ciudad de Cuernavaca, Morelos.
En el evento se dieron datos confirmando que el impuesto a bebidas endulzadas y saborizadas sí tuvo impacto en el consumo.
Un estudio preliminar aplicado en el primer trimestre del 2014 determinó que el consumo de refrescos per cápita sí se redujo debido al impuesto. Es decir que la demanda del refresco sí es elástica, y que si se aumenta su costo se reduce su consumo. Ello, conforme un estudio basado únicamente en los tres primeros meses del 2014, de donde resultó que en apenas un trimestre la curva sí cambió. Esta investigación, realizada conjuntamente por la University of North Carolina at Chapel Hill y el INSP de México, no concluye ahí, pues ya incorpora datos de todo el 2014 y lo darán a conocer más adelante.
El especialista de la Duke University, Kelly Brownell, destacó la importancia de este impuesto, dado que si le resulta a México, será replicado en otros países que igualmente padecen el creciente problema de la obesidad. El doctor Brownell no sólo aplaudió el impuesto al refresco, sino que felicitó al gobierno mexicano: aplicar un impuesto con el objetivo de proteger la salud, aunque le disguste a la industria, es una medida que genera un cambio por default (de hecho, sin otra opción). Para el doctor Brownell, los impuestos a bebidas azucaradas y alimentos altamente calóricos sí pueden reducir el consumo y crear un ambiente más saludable. Conforme ello se vaya confirmando, dijo, será una tendencia inevitable.
Otro punto destacable entre las exposiciones en esta mesa coordinada por Juan Rivera, del INSP, fue que el aumento de precios en bebidas endulzadas no fue generalizado en todo el país. La investigadora del INSP, Arantxa Colchero, mostró un estudio donde se hace evidente que en ciertas regiones rurales como el sur del país la industria absorbió el costo y casi no movió el precio de los refrescos. En cambio, en zonas urbanas sí lo transfirió todo al consumidor.
Curiosamente, un día antes de lo del INSP, la empresa Euromonitor, dedicada a hacer investigaciones de mercado, emitió un reporte donde decía que el impacto no fue tan grande como se esperaba. No hay duda de que el debate continuará.
@maribelrcoronel