El Estado y el gobierno como su brazo ejecutivo, árbitro de los intereses comunitarios e individuales, conductor de la política económica y social para el desarrollo de todos.

El mercado como espacio para la libertad económica, mismo que debe regularse para no incurrir en aberraciones cuando se asume que lo mejor es dejarlo libre. Si se desregula excesivamente, se comete un gravísimo error, como se advirtió con la reciente crisis del 2008, en la que sólo para el gobierno de Estados Unidos la operación de salvamento le costó 700,000 millones de dólares, asociada a una dimensión de dudosa ética. De esta crisis que afectó al mundo, apenas se está saliendo.

La sociedad como base y su cohesión para la estabilidad. Significa hacer un país de ciudadanos, lo que conlleva educación y cultura. De lo contrario, se crea un país de auditorios en donde se acepta todo porque no hay visión crítica. Por eso se alteran los derechos de propiedad, se reflotan los bancos con dinero fiscal, se reducen los gastos en escuelas, hospitales, universidades, se privatizan empresas públicas, se crean bancos centrales independientes sólo preocupados por la inflación.

Estos tres polos se convierten en soporte de una gobernabilidad fuerte si marcha con dinámicas e interacciones entre sí. El forcejeo ideológico se resuelve en este contexto. Es donde tiene lugar la gestión integradora de las diferencias y la resolución institucional de los conflictos.

A finales de este año, tendremos un nuevo gobierno. Es deseable, dada la afectación que ha sufrido la economía real (empleo, ingresos, servicios públicos, pobreza, inseguridad), elevar el crecimiento económico. Los que padecen en la economía real siempre son los mismos. Los que defienden a la economía fantástica siempre son los beneficiarios (los bancos, las utilidades empresariales).

Por tanto, es necesario asegurar un crecimiento económico alto y prolongado que permita tener un desarrollo humano sostenible, así como la capacidad del gobierno, en concurrencia con el mercado y la sociedad, para implementar políticas y programas que logren ese objetivo. Hacer que funcione de manera coordinada el triángulo.

El mercado funciona para apoyar a la actividad económica, al gobierno y a la sociedad, con reglas claras.

Socialmente, se necesita fortalecer los servicios públicos, las causas comunes. Recordemos que la sociedad es fruto de un equilibrio inestable y que, como dijo la escritora Elena Garro: “la memoria de los vencidos es peligrosa para los vencedores”.

Fuera de los vapores de la ideología, hay que aprender de los países socialdemócratas del norte de Europa, que ofrecen el progreso social más grande que se ha visto hasta ahora en la historia. Nunca antes tuvo tanta gente oportunidades valiosas en la vida.

Por muchos años, en nuestro país la atención social ha sido marginal en las prioridades gubernamentales, que contrasta con otras épocas en donde hubo grandes avances. Ello obedece a que vivimos determinados por la tiranía del déficit público, misma que ha establecido por mucho tiempo una política restrictiva que explica el bajo crecimiento económico.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.