El trabajo tradicional está migrando al empleo de tiempo parcial, que ya representa un tercio de la fuerza laboral total. Los jóvenes hoy se contratan por honorarios, buscando diversas fuentes de empleo. Frente a este hecho es de llamar la atención que varias compañías carecen de prácticas de recursos humanos, la cultura o el apoyo del liderazgo para manejar esta demanda de las nuevas generaciones.

Aquí surge la pregunta central que el nuevo recursos humanos debe responder, ¿cuál es el talento que hará frente a las exigencias del mercado laboral? ¿Por qué algunas personas son más exitosas que otras en estos nuevos ambientes?

Dejando a un lado la suerte —lo que equivale a confesar que no hay una respuesta contundente— en realidad hay sólo dos caminos: la capacidad y el esfuerzo. El talento se refiere a las capacidades, habilidades y conocimientos que determinan lo que una persona puede hacer y su adaptabilidad al cambio. El esfuerzo se refiere al grado en que la persona despliega sus talentos y está dispuesta a aprender y desarrollar nuevas habilidades acordes a los nuevos tiempos.

Contar con pocas personas pero talentosas hace una gran diferencia en el desempeño organizacional. Se ha concluido que sólo 20% de los individuos es responsable de 80% de los resultados de la empresa; es decir,  el éxito, la innovación empresarial y las tasas de productividad se encuentran en ese 20% que se convierte en uno de los capitales clave de las organizaciones y es el que permitirá acometer los retos del nuevo entorno y la nueva geografía que se avecina.

Las personas con talento son, entonces, el principal motor para el éxito, por lo que los recursos y el foco debían direccionarse a este grupo que hace la diferencia.

El talento es fácil de medir y predecir. La ciencia de la detección de talentos es de al menos 100 años de antigüedad, hay muchos métodos fiables y legalmente defendibles para identificar el potencial. Se sabe que el componente clave para identificar el talento es la capacidad de aprendizaje, que está en función del índice de inteligencia y curiosidad. Otro elemento diferenciador es la inteligencia emocional que se traduce en habilidades sociales. El último componente clave se refiere al deseo de mejorar y plantearse retos de autodesarrollo.

Hagamos aquí un paréntesis; mientras hablamos del tema, 728 bebés nacerán en la India, 123 en Estados Unidos y sólo 19 en Alemania.

La guerra por el talento es entonces hoy más vigente que nunca. ¿Cómo seleccionar, desarrollar y atraer a ese 20 % que hará la diferencia y que permitirá a las empresas responder a los retos que enfrenta la función de Recursos Humanos en un mundo con demografías tan diferentes?

Algunas de las empresas más admiradas temen perder a casi 50% de su personal más joven en los próximos cinco años. Esto es sólo la punta del iceberg, la escasez de talento se amplía en el horizonte y las nuevas generaciones de trabajadores buscan emplearse en el contexto global. La competencia será feroz.

Saber qué opciones proporcionar al personal y atraer con ello a los mejores requiere una estrategia centrada en lo que el talento actual demanda, a saber:

Establecer las soluciones correctas para la atracción y retención de las personas clave.

La infraestructura que permita la evolución para enfrentar lo que el futuro exige.

Frente a este escenario, es elemental preguntar: ¿que está haciendo nuestro país frente a estos nuevos retos?

*Directora de Scientrix de GINgroup