Para los que nacimos y nos educamos en el sureste mexicano, sabemos lo que es el subdesarrollo. Por un lado es la belleza exuberante expresada en los poemas de Sabines y Pellicer, que nos recuerdan un entorno salvaje y generoso. Por otro, es la profunda devastación de los deseos humanos, de la fantasía y de la productividad.

El subdesarrollo es como una jirafa, difícil de describir pero reconocible a primera vista. Ahí esta. Cada persona que uno ve en el camino está librando una dura batalla. Por fortuna hay música, danza y celebraciones paganas que le dan salida al espíritu.

El actual gobierno mexicano ha definido varias obras importantes de infraestructura para el sureste del país con recursos fiscales y otras fuentes de financiamiento. Con ello podrá iniciarse un proceso de modernización económica.

Como una referencia, mientras que cinco estados del centro y norte del país han tenido una evolución económica y dinámica, con crecimientos promedio de 4.5% durante los últimos cinco años, en el sureste no hay crecimiento. La explicación de este fenómeno es que en el centro-norte se han realizado inversiones por parte del gobierno federal en infraestructura. La inversión nacional y extranjera se ha concentrado en actividades económicas con alta tecnología. En el sureste, la inversión privada es casi inexistente y el gasto público es modesto.

De las obras que están en ejecución destaca el tren interoceánico del Istmo de Tehuantepec, que a través de su reingeniería e inversiones públicas y privadas consolidará la conexión de dos puertos importantes del país, ubicados en Oaxaca y Veracruz.

Sintetizo las características de esta obra, misma que ha tenido el beneplácito de los que quieren el desarrollo del sureste y de los inversionistas que han estudiado su viabilidad y están interesados en invertir:

1. Se elevará en 10 veces el transporte de mercancías en relación a los niveles actuales.

2. Los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos serán ampliados para tener mayor capacidad de recepción y de servicios asociados.

3. Se crearán 10 parques industriales en los dos estados.

4. Se transportarán contenedores y pasajeros.

5. Se bajarán a la mitad los impuestos para favorecer la instalación de empresas.

6. Hay muchas empresas interesadas en construir y operar las terminales de contenedores.

7. El Banco Europeo de Inversiones esta interesado en fondear parte del proyecto.

8. Además de transformar el tendido de su infraestructura, las locomotoras serán de alta tecnología.

9. Los pueblos que están situados al paralelo de las vías del tren y sus terminales se beneficiarán por la derrama económica.

10. Se facilitará el comercio con Estados Unidos y Canadá.

Con mucha frecuencia en el sureste han surgido buenos deseos por parte del gobierno y de inversionistas locales, en la formulación de proyectos de inversión. Pero se han quedado en la intención, primero, y después en el olvido. El actual proyecto ya está en marcha, y se trata de una gestión compleja, dadas las necesidades financieras, de ingeniería de obra, vocación comercial, infraestructura urbana y contexto ecológico, que exigen consistencia y negociaciones sensatas. La obra se ha iniciado con eficacia y discreción.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.