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Opinión

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El sheriff de la Torre Trump quiere quedarse con el BID

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Donald Trump da un golpe sobre la mesa en su intento de incrementar su injerencia en una región  que ha tenido abandonada durante su gobierno, Latinoamérica.

El presidente de Estados Unidos ha coaccionado a los miembros de la OTAN para que incrementen su participación financiera en la Alianza Atlántica. Su país es el principal contribuyente. En la política exterior de Trump prevalece la imposición (America First) sobre la concesión.

Ahora, Trump quiere la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para su país, que al igual que sucede en la OTAN, es el principal contribuyente. El presidente estadounidense es coherente con las directrices que estableció en la Estrategia de Seguridad Nacional en noviembre de 2017. Sin embargo, en un mundo multipolar no es posible ni deseable que un país se quede con todas las fichas de la geopolítica.

Fundado en 1959, el BID cuenta con un capital que supera los 100,000 millones de dólares, y presta anualmente en promedio 12,000 millones de dólares a los Gobiernos latinoamericanos.

Desde su creación, el BID ha tenido únicamente cuatro presidentes, todos ellos latinoamericanos: Felipe Herrera (Chile), Antonio Ortiz Mena (México), Enrique Iglesias (Uruguay) y el actual, Luis Alberto Moreno (Colombia). Trump desea romper la tendencia al intentar llevar a Mauricio Claver-Carone, un personaje al que invitó desde el inicio de su gobierno al Consejo de Seguridad como asistente especial en la dirección de Asuntos del Hemisferio Occidental. En la práctica, Claver-Carone ha desempeñado la labor de vigía durante el desmantelamiento de la política bilateral con Cuba heredada por el presidente Obama.

La intención de Trump de tener la presidencia del BID también se vincula con la batalla geopolítica que él ha promovido en contra de China. Los compromisos financieros totales de los cinco países latinoamericanos más endeudados con China ascienden a más de 133,000 millones de dólares. Venezuela representa casi el 50% del valor de la deuda total, seguido por Brasil, Ecuador, Argentina y Bolivia.

El BID ha sido superado por China durante varios años como principal fuente de préstamos en la región. Sus préstamos directos han pasado de ser casi cero en 1998 a más de 1.6 billones de dólares en  2018, cifra que representa el 2% del PIB mundial.

Josep Borrell, alto representante de la diplomacia de la Unión Europea, envió el 30 julio una carta a todos los Gobiernos con capital en el BID en la que señala que la pandemia no permite prestar “la atención necesaria” al relevo de la presidencia del BID, por lo que pide que se posponga la elección. Al eliminar el filtro diplomático, lo que Borrell quiso decir es que la Unión Europea no quiere al funcionario cubano-americano Mauricio Claver-Carone al frente del BID, y que su voto será para el argentino Gustavo Beliz ocupe la presidencia.

México se suma a la petición de Borrell y al mismo tiempo demuestra, por fortuna, que no siempre bracea en la misma dirección de Trump. Brasil y Colombia ya han anunciado que apoyarán la candidatura de Claver-Carone.

El voto de Estados Unidos representa el 30% de la contienda; Brasil, 11.3%; y Colombia 3.1 por ciento. Junto a otros países lograría el triunfo, sin embargo, lo que México (7.2%), la Unión Europea (9.35%), Argentina (11.3%) y Chile (3.1%) podrían lograr juntos es abstenerse para reventar el quorum necesario.

Trump desaprovechó casi cuatro años de gobierno para la construcción de interacciones políticas con América Latina. Ya es tarde. La que sí es una buena noticia es la decisión del gobierno de México de pedir el retraso de la elección, es decir, apoyará a Gustavo Beliz, un personaje serio que ha trabajado 15 años en el BID.

Por fortuna, en noviembre EU tendrá una puerta de emergencia: la salida de Trump.

faustopretelin@eleconomista.mx

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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