(I de IV partes)

“El petróleo no es el oro negro; es el excremento del diablo”. Juan Pablo Pérez Alfonzo, ministro de Minas e Hidrocarburos de Venezuela de 1959 a 1964 y cofundador de la OPEP.

Ante la situación actual donde el petróleo vuelve a jugar un papel importante en la situación geopolítica, como lo muestra el apoyo por parte de Putin en Rusia al gobierno de Assad en Siria, la reimposición de sanciones por parte de Estados Unidos a Irán y la crítica situación de Venezuela, vale la pena hacer un recorrido histórico sobre la industria del petróleo y revisar diferentes episodios donde la dependencia de este producto ha provocado decisiones estratégicas erróneas, graves crisis económicas, empobrecimiento de la población y conflictos bélicos importantes.

El petróleo ha tenido diferentes usos en la historia de la humanidad, a partir de las filtraciones del subsuelo se ha utilizado como material de construcción, pegamento, impermeabilizante, medicina e incluso como arma destructora (oleum incendiarium, utilizado por los bizantinos), pero fue la iluminación a través del queroseno lo que detonó una mayor demanda de petróleo en la segunda mitad del siglo XIX, sustituyendo al aceite de semen de ballena. El primer país en construir refinerías de petróleo fue Rumania en 1856, que contaba con petróleo en las laderas de los montes Cárpatos. Pocos años después, se descubrió el primer pozo petrolero en Estados Unidos, que en sólo 10 años superó la producción de Rumania al desarrollar la tecnología para perforación.

En las siguientes dos décadas, la producción de petróleo fue creciendo y las exportaciones de queroseno de Estados Unidos a Europa iniciaron. Rusia, que arrancaba su etapa de industrialización, empezó a importar petróleo de Estados Unidos en 1862, con el propósito de iluminar la ciudad de San Petesburgo, capital del imperio. En 1873, Rusia decidió abrir a compañías privadas la exploración y extracción de petróleo en el Mar Caspio, específicamente en el puerto de Baku en lo que hoy es Azerbaijan, donde se extraía petróleo desde tiempo de los persas. El gobierno ruso autorizó varias concesiones, siendo la familia Nobel, de origen sueco, uno de los concesionarios aun cuando uno de los hermanos, Alfred, ya había inventado la dinamita, la incursión de la familia en la extracción y distribución de petróleo consolidó su fortuna.

En 1883 la construcción del ferrocarril Baku-Baltun permitió transportar petróleo del Mar Caspio al Mar Negro, abriendo la puerta a Rusia para exportar petróleo al resto de Europa. El puerto de Baku se convirtió en un jugador clave del mercado petrolero, al producir en 1884 un monto equivalente al producido por Estados Unidos), desplazando del mercado ruso al líder mundial, Standard Oil. Este puerto empezó a ser llamado “Blacktown” por sus altos niveles de contaminación, generados por la extracción y refinación de petróleo.

A finales del siglo XIX, la industria petrolera sufrió un serio revés, cuando la demanda de queroseno para la iluminación fue sustituida por la electricidad. El famoso inventor y empresario Thomas Alva Edison, fundador de General Electric, inició la electrificación de las ciudades norteamericanas. De 1885 a 1902, el número de focos utilizados pasó de 250,000 a 18 millones. Sin embargo, la industria del petróleo encontró un uso alternativo: el mercado de automóviles, que ya eran producidos en serie por Henry Ford y que necesitaban de un combustible eficiente: la gasolina.

A principios del siglo XX en Rusia, el descontento de los campesinos y trabajadores contra el régimen ineficiente y autocrático del Zar Nicolás II iba en aumento. El periódico comunista Iskra (La Chispa), editado por varios exiliados comunistas en Europa coordinados por Lenin, se imprimía en Baku y de ahí se distribuía a toda Rusia aprovechando la red de distribución del petróleo. En 1903 las compañías petroleras en este puerto enfrentaron las huelgas de los trabajadores instigadas por Stalin, quien en esa época era un joven revolucionario sumamente violento. En 1905, después de la matanza de manifestantes en San Petesburgo (“Domingo Sangriento”), las huelgas y manifestaciones en Baku provocaron la destrucción de muchos pozos, por lo que la exportación de petróleo ruso se desplomó. La participación de Rusia en el mercado petrolero mundial disminuyó de 31% en 1904 a 9% en 1913. Esta situación se deterioró aún más durante la Revolución Rusa y durante la Guerra Civil, ya que los Bolcheviques se fueron apropiando de los pozos petroleros. Rusia volvió a participar activamente en el mercado de exportación de crudo hasta 1928, cuando inundó el mercado sin importarle el precio, ya que la prioridad en la época de Stalin era conseguir las divisas necesarias para la industrialización acelerada de la Unión Soviética.

En otras zonas del mundo también se extraía y refinaba petróleo. En las Islas Orientales Holandesas se inició la perforación de pozos petroleros a finales del siglo XIX, contando con el apoyo del gobierno holandés, creándose así la Royal Dutch. Por su parte, la compañía inglesa Shell entendió desde su fundación que la forma de competir globalmente era abaratando los costos del transporte, lo que logró al cambiar el método de almacenamiento de barriles a tanques petroleros, siendo su barco insignia el Murex, el primer buque-tanque. Royal Dutch y Shell se fusionaron en 1907 y controlaron por varios años el mercado de exportación de Rusia y el Lejano Oriente.

En 1909 en Persia, hoy Irán, se estableció la Anglo Persian Oil Company, para explotar el petróleo del Golfo Pérsico, construyendo la refinería de Abadán, entre los ríos Tigris y Eufrates. Para asegurar el flujo de petróleo, el gobierno británico tomó el control de esta compañía (que después se fusionó y tomó el nombre de British Petroleum) que se convirtió en la principal empresa productora de crudo en el Golfo Pérsico y permitió a Winston Churchill, primer lord del almirantazgo inglés, convertir su flota de barcos alimentados con carbón en barcos propulsados con motores diesel. Esta acertada decisión fue clave durante la Primera Guerra Mundial, ya que el diesel proporcionó a la flota británica mayor potencia, velocidad, espacio de almacenamiento y radio de acción.

El petróleo se convirtió por primera vez en la historia en un bien estratégico y en un instrumento de política nacional. Estados Unidos logró aumentar sustancialmente su producción de 1914 a 1917, lo que aunado a la reducción en la producción de Rusia a raíz de la Revolución, le permitió tomar un papel preponderante en la Primera Guerra Mundial. De manera opuesta, Alemania contaba con muy pocas reservas de petróleo para enfrentar una guerra prolongada, por lo que intentó conquistar los pozos petroleros de Rumania y de la Unión Soviética, lo que no pudo lograr. Este fue un gran golpe para Alemania que prácticamente ya no tenía reservas de petróleo. En noviembre de 1918 Alemania se rindió; nunca pudo resolver su falta de materia prima y combustible.

Unos días antes de terminar la Primera Guerra, Gran Bretaña incumplió el Acuerdo Sykes-Picot firmado en 1915 con Francia, su mayor aliado, donde se dividían el territorio dominado por el Imperio Otomano. Ante la necesidad de contar con suficiente petróleo para mantener su liderazgo naval en el futuro, los ingleses invadieron Mosul, una de las regiones con mayor potencial de producción de petróleo en Mesopotamia (Irak), ignorando dicho acuerdo. La estrategia rindió frutos unos años después, en 1927 la exploración del pozo de Baba Gurgur en Mosul empezó a producir 95,000 barriles diarios. El Tratado Sykes Picot no fue el único compromiso que los británicos habían creado en esa zona; la Declaración Balfour de 1917 que abría la posibilidad de un Estado Judío en Palestina y las expectativas creadas por Lawrence de Arabia al apoyar al Emir Hussein en su lucha contra los turcos entre 1916 y 1918, fueron cumplidas a medias, creando un gran enojo entre las partes afectadas. Estos tres hechos contradictorios siguen siendo hasta la fecha causas del conflicto en el Medio Oriente.

En la segunda parte de este artículo, de cuatro partes, analizaré la incursión de las compañías internacionales en la industria petrolera en México y en Venezuela, así como los errores estratégicos de varios líderes mundiales que tomaron malas decisiones ante la escasez del petróleo, como fue la precipitada entrada de Japón a la Segunda Guerra Mundial y el cambio de estrategia militar de Alemania durante la invasión a Rusia. El petróleo, cuyo uso masivo apenas inició en la última parte del siglo XIX, se convirtió en un recurso indispensable en el siglo XX. Muchos países rompieron alianzas y expusieron a sus ejércitos a riesgos innecesarios con tal de obtener ese recurso, otros ligaron su crecimiento económico y su poderío al petróleo, creándose una gran dependencia cuyos costos fueron evidentes años después. Como lo dijo en 1917 el presidente francés George Clemeceau: “La gasolina es tan vital como la sangre en las próximas batallas”.

*El autor es director general de Banca Privada y Mercados de Banco Monex. Sus opiniones son personales y reflejan su interés en aprender de la Historia.