“Cuanto más parecido a nosotros se vuelve un rey, menos motivos hay para tener un rey”, ha dicho Declan Quigley, profesor de Guillermo de Inglaterra en la Universidad de Saint Andrews.

El rey emérito español Juan Carlos I no ha logrado dejar a tras el siglo pasado, en particular, sus años de gloria: la transición a la democracia (las décadas de los 70 y 80).

A finales del siglo pasado, en las calles de España, se hablaba más del juancarlismo que de la monarquía. Su imagen se potenció al haberse convertido en puente entre Francisco Franco y Adolfo Suárez; de la dictadura a la democracia.

La acción de contemporizar las hazañas de un rey en tiempos de influencers no resulta nada fácil y menos cuando un monarca decide irse de safari a Botsuana para matar elefantes en tiempos de penuria económica, y obsequiar 60 millones de dólares a una de sus amantes para la compra de dos departamentos en los Alpes suizos.

Juan Luis Cebrián, director de noticias de Televisión Española en tiempos de la dictadura y heredero de facto de El País de Jesús de Polanco, ha confesado lo que todos los españoles han sabido desde siempre: la existencia de un pacto tácito entre los medios de comunicación y los partidos políticos para ocultar la doble vida de Juan Calos I. Cebrián asume que lo han hecho porque el rey sirvió como “dique contra los intentos golpistas” después de la dictadura de Franco. El eufemismo favorito de los medios y partidos ha sido: responsabilidad de Estado.

El papel de Juan Carlos I la noche del 23 de febrero de 1981 frente a la intentona de golpe fue uno de los hitos importantes en su biografía. Protagonizado por el teniente coronel Antonio Tejero desde las Cortes Españolas el intento de golpe ha sido interpretado por los historiadores como fundamental por parte del rey Juan Carlos I para preservar la que entonces era una incipiente democracia.

Para comprender la actual crisis política que ha destapado el exilio del ahora rey emérito basta con echarle una mirada a la composición del Congreso. Hace poco más de un lustro en España existía el bipartidismo. El Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) sumaban 296 diputados, casi el 85% del Congreso.

Hoy, la cifra suma 59% y el gobierno, por primera vez en la historia de la democracia, es formado por una coalición entre el PSOE y Unidas Podemos.

Pablo Iglesias es vicepresidente de Gobierno y siempre ha apostado por la república y no por la monarquía. La coalición representa para el presidente Pedro Sánchez el último vagón que pudo abordar en el andén (segundas elecciones) frente al error que cometió al dejar pasar las primeras elecciones para formar gobierno. Pero en fin, esto no es culpa del rey emérito. Lo que sí es cierto es que el entorno actual de España ya no soporta los actos desleales del rey emérito.

Para comprender la imposibilidad de Juan Carlos I de abandonar el siglo XX el libro de Leonardo Faccio, Letizia, la reina impaciente, muestra varios ejemplos.

“Ya sabemos que eres la más inteligente de la familia. Pero, por favor, deja hablar a los demás”, le dijo el rey Juan Carlos a la entonces novia de su hijo Felipe, Letizia, durante un almuerzo familiar que los reyes ofrecían en el Palacio de la Zarzuela al rey Constantino de Grecia. La conversación rondaba sobre el conflicto entre Estados Unidos e Irak. Letizia había sido reportera de Televisión Española en la guerra de Irak.

“Tiempo después se supo que Juan Carlos había recibido 100 millones de dólares por influir en 1990 a favor de la intervención de España en la invasión a Irak”, escribe Leonardo Faccio.

El tiempo se le ha agotado al rey Juan Carlos. España ya no se encuentra en la época donde la opacidad era parte de la arquitectura construida por los medios de comunicación y los partidos políticos alrededor del rey. ¿En dónde está el rey emérito? Al no decirlo, sigue viajando en el siglo XX. Ahora, tendría que dejar su título a un lado para vivir el 2020.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.