Lectura 4:00 min
El reto de las ZEE ?también es social
En el momento en que Gerardo Gutiérrez Candiani fue designado por el presidente Peña Nieto como responsable de echar a andar las Zonas Económicas Especiales (ZEE), entendió que su tarea no sería nada sencilla.
Primero, porque la expectativa generada por la creación de este mecanismo promotor ha sido desde su anuncio muy grande y ello implica entregar resultados literalmente de inmediato.
Sin embargo, como Gutiérrez Candiani no es político profesional ni funcionario público de carrera, sino hombre de negocios y dirigente empresarial, entiende que los tiempos no corren a la misma velocidad en ambas disciplinas.
Incluso que, en el balance de lo que se obtiene, el estado de pérdidas y ganancias también difiere en su interpretación y sentido, por ello la encomienda le exige poder combinar eficientemente las dos visiones.
Ello no está exento de dificultades de origen. Las ZEE como un órgano facilitador del gobierno federal no tienen dinero para invertir en demasía. Se tiene que usar el que se dispone en donde tenga más impacto.
No se puede correr el riesgo de construir un elefante blanco cuya viabilidad se sujete a las prácticas comunes en diversas dependencias públicas, como crear infraestructura innecesaria u obsoleta poco después de su inauguración.
El punto de inflexión radica en que el beneficio de la acción y los recursos provenientes del Estado impongan una dinámica que abarque la promoción de negocios y el ámbito social, y ésa es una combinación que no necesariamente camina en el mismo sentido.
De momento, el trabajo de la dependencia se está concentrando en dar los primeros pasos para cumplir con el calendario para el arranque de las tres primeras zonas este mismo año en Lázaro Cárdenas, que abarca Michoacán y Guerrero; el Istmo de Tehuantepec, que comprende Oaxaca y Veracruz, y en Puerto Chiapas.
Para ello, se están definiendo los polígonos de tierra, los paquetes de incentivos, la inversión en infraestructura estratégica que, como apuntábamos, tendrá que ser de alto impacto y al menor costo posible. Luego vendrá el proceso de ventanilla única, que conlleva la fase de simplificación de trámites, en los tres niveles de gobierno, y finalmente, atender los temas de vivienda, salud y educación, así como de financiamiento.
La coordinación a cargo de Gutiérrez Candiani tendrá que hacer que esfuerzos y voluntades de gobiernos estatales y municipales confluyan para hacer lo que les corresponda. Que impere la concepción de una estrategia de complementariedad por encima de una de competencia entre las propias zonas, aunque en la práctica, por tipo de negocios y productos que desarrollen cada zona, sí contiendan.
Asumiendo que todos estos pasos se cumplan, la prioridad seguirá siendo el impacto social, aun por encima del eventual éxito económico. Porque en todo caso, más que zonas especiales, podrían convertirse en zonas exclusivas, paraísos fiscales, que gozarán de prerrogativas mediante los privilegios mencionados, que definitivamente no son equivalentes a las de otras regiones.
El desarrollo social en las ZEE es una condición obligatoria. El desarrollo atrae migración y es innegable que los privilegios van a interesar no sólo a las empresas nacionales y extranjeras, sino también a grupos poblacionales. No obstante, el efecto eleva la competencia, y si los habitantes de las zonas definidas no están preparados para el reto, eso podría marginarlos más.
Para que las ZEE cumplan con su cometido, se tendrá que hacer mucho más que carreteras e impulsar la construcción de vivienda, escuelas, hospitales, instalaciones deportivas y de esparcimiento.
Gerardo Gutiérrez lo comprende, cuenta con voluntad y compromiso para hacerlo; el dilema es que la burocracia y las influencias políticas no se conviertan en obstáculos que interfieran con la intención.
Twitter: @vazquezhandall