Uno compromete desde hoy el dinero que espera ganar mañana. Cuando uno reciba ese dinero, buena parte de él ya estará comprometida para el pago de deudas

No es un secreto que buena parte de la clase media mexicana está muy endeudada, particularmente con tarjetas de crédito y préstamos de nómina. Parte de esto se debe a la facilidad para obtenerlos pero también a que la gente, lamentablemente, se ha acostumbrado a usarlos como una extensión de su ingreso.

Al principio es sencillo: nos encantaron unos zapatos que vimos en el aparador de una tienda en el centro comercial. Entramos y vemos el precio: están muy caros. El vendedor nos convence de probárnoslos sin compromiso. Al hacerlo, nos encanta cómo se nos ven. Luego nos dice: no se preocupe, los puede pagar a 12 meses sin intereses. Uno hace cálculos y piensa: aunque no puedo comprarlos de contado, sí podría pagar 300 pesos al mes. Y los terminamos comprando.

Felicidades: ya tenemos una deuda manejable y prácticamente sin costo (sin intereses) por lo que todo parece estar bien. Pero hemos adquirido un compromiso y por lo menos, durante los siguientes 12 meses, tendremos 300 pesos menos para gastar en otras cosas.

El problema viene cuando repetimos esto varias veces y resulta que nuestro compromiso de pago ya no son 300 pesos, sino varios miles al mes. Es demasiado sencillo sacar la tarjeta y comprar otras cosas: los útiles escolares, ropa, diversiones, etcétera.

Cuando terminamos usando la tarjeta de crédito de manera recurrente, lo que termina sucediendo, si no tenemos cuidado, es que cada mes nos acostumbramos a gastar más. Al principio los pagos son bajos y manejables, pero poco a poco las compras se acumulan y éstas se van incrementando.

Entra el concepto del pago mínimo, y además los altos costos de estos créditos (que mucha gente no considera en su presupuesto porque simplemente van dentro del pago mensual). Los intereses que se generan cada mes hacen que nuestro pago mensual reduzca muy poquito la deuda.

Luego vienen los créditos de nómina, que algunos utilizan para pagar las tarjetas de crédito y “consolidar sus deudas” (sacan un préstamo para pagar otro). Aunque en ocasiones esto podría ayudar, la realidad es que los hábitos se mantienen: la pagan, pero la siguen usando como antes y la deuda empieza, nuevamente, a acumularse. Después de varios meses, no sólo tienen que seguir pagando el préstamo de nómina sino que las tarjetas, nuevamente, están hasta el tope.

Me han tocado muchos lectores que tienen la justificación perfecta: tengo que usar tarjetas, o pedir prestado, porque con lo que gano simplemente no me alcanza para cubrir mis necesidades. No se dan cuenta de que, si no les alcanza hoy menos les alcanzará en el futuro, porque las deudas al final hay que pagarlas, con dinero que todavía no tenemos pero que esperamos ganar más adelante.

En otras palabras, uno compromete desde hoy el dinero que espera ganar mañana. Entonces cuando uno reciba ese dinero, buena parte de él ya estará comprometida en el pago de esas deudas y alcanzará mucho menos para —precisamente— cubrir las necesidades cotidianas.

Esto es casi como cavar nuestro propio agujero. En lugar de construir patrimonio, lo vamos destruyendo: cada día tenemos menos y todo lo que tenemos lo debemos. Por eso no tenemos capacidad de ahorro: una buena parte de lo que ganamos se nos va en pagar las deudas.

Llega un momento, lamentablemente, en que la realidad nos alcanza: estamos tan endeudados que ya no podemos pagar. La caída entonces es muy fuerte porque ya nos habíamos acostumbrado a tener un nivel de vida superior al que realmente podíamos llevar con nuestros ingresos.

Romper este círculo es sumamente complicado. La gente siente que no hay otra manera, por una razón muy sencilla: no está dispuesta a disminuir su patrón de consumo.

Recordemos además que las tarjetas de crédito y los préstamos de nómina tienen un costo importante: desde 25% hasta 60% anual o más, dependiendo del caso. De hecho hay personas que destinan más de 20% de su ingreso anual sólo en el pago de intereses y comisiones por este tipo de créditos. Los intereses se convierten en su gasto más importante —y lo peor de todo es que no se dan cuenta.

Para terminar, quiero enfatizar: cualquier deuda representa una obligación de pago, que compromete una parte de nuestro ingreso futuro. Como mencioné antes: recurrir al crédito porque “no me alcanza con lo que gano” hace que en el futuro nos alcance todavía menos y eventualmente, tengamos que enfrentar una realidad muy dolorosa.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com