El próximo domingo 1 de agosto se celebrará una consulta popular promovida por el presidente López Obrador. A diferencia de los referéndums informales que hicieron para cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) y la planta cervecera de Constellation Brands en Baja California, este ejercicio lo organizará el INE.

Se instalarán sólo 57,000 casillas, un tercio de las que se montaron el 1 de junio para las elecciones constitucionales. Aún así, según estimaciones dadas a conocer por consejeros electorales, la consulta popular tendrá un costo de alrededor de 528 millones de pesos. Los cálculos no incluyen otros gastos, como los recursos empleados en la verificación de las firmas recabadas por los seguidores de López Obrador.

La consulta popular será, sin embargo, un gasto innecesario; dinero tirado en una excentricidad política. Si el presidente López Obrador tiene pruebas para llevar a juicio a servidores públicos de gobiernos anteriores, incluyendo a los expresidentes, sólo debería seguir el camino de la ley, no hace falta un referéndum. Cuando la justicia se somete al voto popular se convierte en linchamiento o indulgencia por aclamación.

Llama la atención el empeño del presidente en la consulta a pesar de sus nulos beneficios, porque pone al descubierto el verdadero significado de la “austeridad republicana”, uno de los trucos de marketing político más exitosos de la Cuarta Transformación. Consiste en una serie de actos simbólicos que tienen una enorme resonancia mediática y unos beneficios económicos insignificantes. Sirven para apuntalar la credibilidad de los políticos que los realizan, para que después puedan sin consecuencias despilfarrar el dinero con sus propias extravagancias.

Solo un político con credenciales de “austero” puede tirar a la basura los miles de millones de pesos que costó la cancelación del NAIM sin ver mermada su credibilidad. La factura ascendió a 331.9 mil millones de pesos, según el auditor independiente de la Auditoría Superior de la Federación, o 113.9 mil millones de pesos, de acuerdo con el titular de este órgano, quien ajustó la cifra a la baja ante la amenaza de remoción. Cualquiera de las dos representa un gasto tan grande como innecesario.

La psicología social ayuda a explicar cómo la austeridad puede servir para conseguir una aceptación automática que los profesionales de la persuasión suelen explotar para salirse con la suya. Robert Cialdini, en su libro Influencia: La psicología de la persuasión, incluye a la autoridad entre sus seis principios fundamentales de persuasión.

La información de una autoridad reconocida funciona como un atajo cognitivo para decidir qué hacer en una situación dada. Diversos estudios empíricos han mostrado que la gente tiene una disposición extrema a hacer casi cualquier cosa bajo la instrucción de alguien con apariencia de mando. Además, los símbolos exteriores de la autoridad pueden simularse con materiales rudimentarios. Los mafiosos que ostentan su opulencia conocen bien el truco.

Otra forma de ganar credibilidad como autoridad consiste en mostrar que estás dispuesto a sacrificar tus propios intereses por servir los de aquellos a quienes tratas de convencer. Una vez que la has establecido puedes persuadirlos casi de cualquier cosa. Los símbolos de austeridad ponen en aplicación este principio psicológico.

López Obrador ha hecho de la austeridad el eje de la imagen de su gobierno y su comunicación política. Lleva sus símbolos al extremo: se baja el salario, viaja en vuelos comerciales, se mueve Jetta, etc. El manejo de los signos exteriores de austeridad ha apuntalado la credibilidad del tabasqueño, su principal capital político.

Pero la austeridad tiene un precio, que al final la gente paga. Por un lado, las medidas simbólicas suelen traducirse en una menor calidad de los servicios públicos. Por otro, con la credibilidad ganada la gente acepta de manera automática medidas dispendiosas como la cancelación del NAIM, la refinería de Dos Bocas y el tren Maya. La consulta popular del próximo 1 de agosto será otro ejemplo de un gasto innecesario de un gobierno austero.

Twitter: @BenitoNacif

Benito Nacif

Profesor

Voto particular

El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

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