La propuesta de retomar el esquema anterior de cobro de tenencia generó todo tipo de reacciones en la semana. La verdad es que la tenencia es un impuesto que persiste, pero, a raíz de un decreto de la administración de Felipe Calderón, pasó de ser un impuesto federal a un impuesto estatal, donde en cada lugar se decide cómo y cuánto se cobra. Eso generó una competencia fiscal a la baja entre las entidades. Esto es, se bajaron gravámenes y se exceptuaron la mayoría de los autos del pago, porque las entidades comenzaron a replicar las reducciones de las otras.

En algunos lugares, se mantiene el impuesto en ciertos casos, como en vehículos propiedad de empresas o de muy alto costo, pero incluso en esos casos la recaudación ha caído a más de la mitad. Estados como Querétaro o Morelos prácticamente lo han eliminado, por lo que los autos de mayor lujo se compran en esos lugares, pero sin que las finanzas locales obtengan ganancia alguna, ya que en la compra se pagan sólo impuestos federales. Se trata de una competencia en la que todos los estados pierden desde el punto de vista financiero y de la que no se registra mayor impacto positivo en materia de fomento económico por parte de la reducción. En cambio, se generó un incentivo al uso de autos que siguen siendo contaminantes.

Sobre la tenencia se formaron toda clase de mitos. Se decía que solamente en México se cobraba, cuando los road taxes son comunes en el mundo, además de que son comunes otras formas de gravar el uso del auto que no existen en México, como los cargos en zonas de alta congestión vehicular en las ciudades o licencias de manejo de alto costo. En realidad, con la eliminación parcial de la tenencia, México dio marcha atrás a un impuesto que grava las emisiones de contaminantes, justo lo contrario de nuestros compromisos para combatir el cambio climático.

Una tenencia federal, como antes existía, cubriría dos grandes propósitos. Uno es incidir en el uso de autos menos contaminantes. El impuesto puede tener un diseño que exente de pago a vehículos eléctricos e híbridos. No se gravaría más a los autos que más contaminan, pero sí a los modelos que más usan gasolina con respecto a otros del mismo año. El segundo propósito es, por supuesto, mejorar la salud de las finanzas públicas locales.

Si además de retomar el gravamen uniforme de la tenencia los gobiernos actualizan los padrones de predial, podrían duplicar en el corto plazo los 60,000 millones de pesos que aproximadamente hoy recaudan. Eso es más o menos el monto de transferencias federales que dejaron de recibir por el concepto de convenios. No se trata de establecer impuestos nuevos, sino de regresar a esquemas que permitan incrementar su recaudación. En ambos casos, la mayor carga fiscal va a caer en las personas de mayores ingresos.

VidalLlerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.