En la negociación que finalmente lo llevó a aceptar la candidatura de Nueva Alianza a la Presidencia de la República, el ingeniero Gabriel Quadri de la Torre puso dos condiciones: hablar sin censura y acudir a cualquier sitio del país que le pareciera importante.

El candidato, por encima de los estrategas. Es por eso que su incursión formal en la política electoral comenzó en los arrecifes de la Isla de los Sacrificios, en Veracruz. Una idea loable, para un ecologista, pero un despropósito, en términos de logística, y una tragedia en ciernes, de no ser por la pericia de los lancheros, quienes más de una vez evitaron que naufragaran fotógrafos y reporteros del poll neoaliancista.

A las exigencias, el presidente nacional del partido magisterial, Luis Castro Obregón, opuso nula resistencia. Entrenado en otras lides, acostumbrado a la disciplina y la obediencia, el politólogo y docente universitario carece de experiencia político-electoral. Eso sí, acompaña al candidato a todas partes, con funciones múltiples: a veces de orador, a veces de organizador, a veces de presentador...

En sus manos y en las de Mónica Arriola Gordillo -hija menor de Elba Esther Gordillo y secretaria general de ese partido- está la campaña del candidato presidencial, a quien apenas le bastaron cinco días para mostrar las penurias de su discurso y su falta de paciencia. Ya hasta le parece vomitivo que a donde vayan, le pregunten por la reina del PAN, Elba Esther Gordillo.

De peor humor se pone Quadri de la Torre cuando le preguntan si considera su postulación como un ejercicio ocioso y si tiene contemplado declinar en algunas semanas.

Su intención -afirma- es competir con decoro y ganar con suficiencia. Un sueño guajiro. En todo caso, su sueño.

Quadri de la Torre debería mirarse en el espejo de Roberto Campa Cifrián, candidato de Nueva Alianza en las elecciones presidenciales del 2006. Ambas postulaciones tienen puntos de conexión, no sólo por ser producto de un plan b, sino porque en ambos casos, su campañas corrieron en distintas vías, a las de los candidatos del partido magisterial al Congreso de la Unión.

Hace seis años, Arriola Gordillo estaba en la lista de candidatos plurinominales a la Cámara de Diputados e intervino como coordinadora de la campaña del candidato neoaliancista a la Jefatura de Gobierno del DF, Alberto Emiliano Cinta. El otro bloque de la familia gordillista -lidereado por Fernando González, el yerno de La Maestra- apoyó a Campa Cifrián. Y los candidatos al Congreso de la Unión dejaron su destino en manos del profesor Rafael Ochoa Guzmán y a los secretarios generales de las secciones sindicales.

¿Los datos duros? Campa Cifrián obtuvo 450,000 votos, por 1.8 millones de sufragios obtenidos por Nueva Alianza en las elecciones federales.

En la cúpula de Nueva Alianza no les preocupan los humores de Quadri de la Torre, ni sus desplantes verbales o sus excentricidades ecologistas. Tienen la certeza de que, como hace seis años, el partido magisterial depende de la lealtad de las bases sindicales, mas no de su abanderado presidencial, para refrendar su registro nacional.

¿Voto cruzado? ¿Voto diferenciado? En los escenarios que han construido saben que si esta elección se define por los votos duros y no por los switchers, Nueva Alianza puede alcanzar hasta 10% de las preferencias electorales.

En parte, porque ha quedado suelto el nicho electoral que antaño ocupaban los verdes, cuando su agenda era más altermundista que revanchista. Y, sobre todo, porque para Nueva Alianza existen algunos territorios que podrían considerarse como sus graneros : Chiapas, Sinaloa, Puebla, Nayarit, Nuevo León y el Distrito Federal.

Salvo los dos últimos casos, estas entidades federativas cuentan con un electorado volátil y han permitido que mega-coaliciones electorales de los enemigos del PRI conquisten el poder local. Donde hubo alianzas opositoras, ahora quiere Nueva Alianza una rebanada del pastel... De que la obtengan depende el futuro en la política de los herederos de Elba Esther.

EFECTOS SECUNDARIOS

RÉPLICA. Van dos sismos fuertes en menos de un mes, y dos imprecisiones del Servicio Sismológico Nacional, que depende de la UNAM. En ambos casos han sido autoridades de Estados Unidos quienes han precisado la magnitud de los movimientos.

CORRECCIÓN. A propósito de lo escrito en este mismo espacio ayer, sobre los orígenes de la firma de compromisos que practica Enrique Peña Nieto, recibimos un apunte correctivo: el concepto de te lo firmo, te lo cumplo no es original de los priístas mexiquenses, sino del emprendimiento por la gubernatura de Querétaro que realizó, en el 2003, Fernando Ortiz Arana. Entonces, el presidente nacional del PRI era Roberto Madrazo Pintado y había elecciones estatales en Chihuahua y Sonora, además de Querétaro, donde el PAN ya gobernaba y postuló como su abanderado a Francisco Garrido. La firma de Ortiz Arana -una genialidad atribuible a la firma Gaudelli MCW- le permitió remontar casi 18 puntos que eran los que lo separaban del candidato del partido gobernante.