El mukbang es una tendencia originada en Corea desde el principio de la década del 2000 que consiste en el hecho de filmarse comiendo grandes cantidades de comida, hacer una transmisión del video en vivo e interactuar con los espectadores que hacen preguntas de todo tipo.

Lo que parece una cuestión un tanto absurda, puesto que de entrada nos preguntaríamos: a quién le interesaría estar viendo por una pantalla a una persona que devora grandes cantidades de alimentos, por lo general ricos en contenido energético. Pues, a millones de personas que son seguidores y fans de estas estrellas de la transmisión en vivo que movilizan ganancias de hasta miles de euros por el número de seguidores que ven sus transmisiones en vivo.

¿Qué lecturas podemos dar a este fenómeno? En primera instancia, si bien tuvo su origen en Corea, el fenómeno fue rápidamente retomado por youtubers estadounidenses con gran aceptación por parte de su audiencia, por lo que no podemos atribuirlo a una característica cultural específica coreana. Este estilo de voyeurismo, o sea, el hecho de encontrar placer por medio de ser espectador, genera muchas cuestiones alrededor de las redes sociales y la comida. Es un lugar común decir que las redes sociales alejan a las personas hoy en día, principalmente a los Millennials y a la Generación Z que prefieren las interacciones virtuales a las interacciones cara a cara. Algunos profesores en antropología que realizaron un gran estudio de redes coincidieron en señalar como conclusión que no es que las redes sociales estén alejando a las personas, pero sí modificando la forma en la que se interactúa socialmente.

Por otro lado, sabemos que la comida tiene un poder vinculante que trasciende cualquier cultura. En las personas que transmiten lo que comen, hay varios fenómenos espejo que se dan entre los espectadores. En primera instancia, están aquellos que gustan de ver cómo se transgrede una norma que ellos mismos estarían poco dispuestos a experimentar. En este rubro, entran algunas personas que tienen trastornos de la conducta alimentaria no identificados, que, en lugar de comer algo que se les antoje, sacian el antojo mientras ven a alguien devorar sin empacho algún alimento que ellos consideran prohibido. Según algunos usuarios de las redes, el hecho de ver a alguien comer aquello que ellos quieren comer pero que por alguna razón no lo hacen —convicciones religiosas, restricciones por salud, o simplemente el tan sobrevalorado miedo a tomar peso— hace que estos videos sean sumamente atractivos de ver. De esta manera, quien devora la comida en la transmisión en vivo se convierte en una extensión de lo que a las personas les gustaría ser, pero que por diferentes razones no llegan a ser.

Algunos otros usuarios encuentran placer simplemente en ver cómo se comen un alimento, que incluye desde los modales a la hora de comer hasta los ruidos al masticar y el tiempo en que se acaban la comida.

En este sentido, muchos especialistas han cuestionado el sentido ético de estos videos. Mientras que algunas personas dicen que esta herramienta puede ayudar a personas en recuperación de trastornos de la conducta alimentaria, algunas otras sugieren que estos videos satisfacen sus antojos y por lo tanto, las llevan a restricciones más severas. Habrá que profundizar más en los alcances de este tipo de fenómenos y cómo van mutando a casi 15 años de que surgieron como una actividad de ocio.

@Lillie_ML