Era el momento de validar el sacrificio de 15 vidas de jóvenes elementos de la Policía Federal acribillados en Michoacán y Chihuahua por la ridícula minoría’’ el pasado lunes. Don Genaro García Luna y su séquito de profesionales de la comunicación ignoraron a la prensa: televisión, radio y prensa escrita. No los invitó.

Prefirió un acto solemne a solas, en lo oscurito, solo acompañado por el bravucón’’ Fernando Gómez Mont, ilustre abogado, hoy secretario de Gobernación en representación del indignado presidente Felipe Calderón.

Se oyó de todo. Vítores, gritos de solidaridad y caras de tristeza, aja. De los Mandos que montaron guardia sobre sus féretros. Esos que los mandaron al combate, si con armas automáticas y vehículos recientes, pero descapotados que los hacen blanco incluso de las piedras, parafraseando a la Bordel Patrol gringa.

Se les colocó la bandera tricolor, por la que ofrendaron su vida. Que tal vez a sabiendas de que iban a terminar así, posiblemente ni aceptan el honroso encargo de encabezar la ahora no guerra’’ por la soberanía nacional, sino por la recuperación de la seguridad de los mexicanos, que patentó en dos planas pagadas’’ el Presidente el pasado lunes en varios medios impresos.

La SSPF lamenta profundamente la pérdida de elementos tan valiosos para la sociedad mexicana y se solidariza con el sentir de sus familias, las cuales recibirán los apoyos de pensión del ISSSTE, pago de marcha –¿qué es eso?-, seguro de separación individualizado, seguro de gastos médicos mayores, ayuda educativa que garanticen los estudios de sus hijos hasta el nivel de educación media superior –preparatoria, bachillerato o técnica- y un apoyo económico único que permita a los hijos de los elementos caídos contar con recursos’’.

¿Pero hasta donde, no se dijo?

Hasta ahí, ni tan bien. Hay limitantes, si la SSPF cuenta con el presupuesto más grande de su historia e incluso de varias Secretarías por qué ser tan cortos de visión’’ o codos’’ y no motivar a sus supuestos 29,000 elementos con que cuenta actualmente.

COMMODATO

¿Por qué hacer una ceremonia sin medios?

La interrogante de inmediato tiene respuesta. García Luna sería sometido a una andanada de preguntas.

¿Qué edad tenían? ¿Hace cuánto tiempo salieron del Instituto de Formación Profesional de San Luis Potosí’ ¿Qué tiempo llevaban en Michoacán? ¿Qué trabajo de prevención realizaban? ¿Cuánto ganaban actualmente? ¿Cuál era su nivel de preparación?

Esas preguntas hubieran sido los menos de los odiosos reporteros. Así ocurrió en las primeras ceremonias luctuosas, porque no ha sido la primera, ni será la última -no es el deseo, claro- cuando con orgullo García Luna encabezaba con el Presidente en turno, el Procurador y Secretario de Gobernación las ceremonias luctuosas.

Ya no puede el Secretario. Aunque cuenta con el pleno respaldo presidencial, que ahora con su mensaje escrito y firmado presuntamente por él del lunes pasado, vio la viga en el ojo ajeno’’ echando la culpa a El Consumo de Drogas en Estados Unidos’’ en su II punto que tituló: Las Causas del Problema’’.

Esperemos que alguien haya guardado esas cinco cuartillas que son oro puro, al recapitular: Nuestro objetivo medular es lograr la seguridad pública de los ciudadanos mexicanos y no única, ni principalmente combatir al narcotráfico’’.

Fue lo que no supieron los federales muertos. Antes de partir tras la cobarde agresión, porque hasta su último suspiro sabían que luchaban por la Patria, pero ahora es, por recuperar lo que la ridícula minoría’’ arrebató a municipios, estados y República, la gobernabilidad.