Como nuestra clase política no nos ofrece realmente ninguna esperanza de ser los héroes nacionales que nos salven del letargo de mediocridad en el que estamos, nos pescamos de cualquier representación que nos brinde al menos un sueño.

Por eso la Selección de futbol carga con la ilusión nacional durante los tres o cuatro partidos que dispute durante el Mundial.

Es tan grande la atención a este evento, que alrededor del evento y la participación del equipo representativo de México gira un gran negocio de cientos de millones de pesos.

Un negocio de esas dimensiones genera los vicios que la realidad mexicana de permisividad ante las leyes permite. Mercados informales, mercados negros, concentraciones monopólicas, etcétera.

Por ejemplo, los boletos para un juego de la Selección en alguna cancha mexicana genera un enorme mercado informal de reventa. Abiertamente, con la total y evidente complicidad de las autoridades, las mafias de revendedores ofrecen el mejor boletaje disponible.

Y nadie tiene que explicarse por qué estos sujetos tienen en su poder las mejores entradas al estadio, la respuesta es obvia: la cadena de corrupción.

Los encargados del negocio de la Selección Nacional deciden cambiar al proveedor de uniformes. Ésa podría ser toda una historia. Pero el punto es que el fabricante Adidas propone un uniforme negro que se convierte en todo un éxito comercial.

Y aparecen los vicios de costumbre: un mercado con una extraordinaria demanda al que se le provee insuficientemente, lo que genera una mayor expectativa y presión en el precio dispuesto a pagar.

Al tratarse de un diseño y producto oficial , no hay competencia, lo que implica que uno solo pone las competencias. Esto no es ilegal, es una historia de éxito. Pero podría ser poco ético.

Además, los empleados de las diferentes tiendas donde se venden estas camisetas negras de la Selección han establecido ya un sistema de apartado , donde la propina correcta puede garantizar tener la prenda antes del silbatazo inicial del juego México-Sudáfrica. O sea, un mercado negro de la mercancía autorizada.

Sin tomar en cuenta el creciente mercado ilegal de copias que se reproduce con enorme velocidad para surtir la demanda que genera la pasión de estos héroes de la patria.

La normalidad en este mercado y en la desesperanza habitual regresará en los octavos de final, hay quien dice que en cuartos de final, de acuerdo.

Pero esta realidad de la distorsión de los mercados debe ser tomada en cuenta en cualquier mercado, como el cambiario.

Es indispensable pegarle al crimen organizado en donde más les duele que es el bolsillo, en sus finanzas. Y la restricción en las operaciones cambiarias en una decisión muy prudente para ello.

El problema es que así como es plausible que la Selección de futbol nos regale tres partidos de ilusión, no es posible ignorar los vicios que conllevan el futbol y la venta de dólares en el marco de la impunidad que priva.

Si los delincuentes no pueden blanquear sus divisas a través del sistema financiero, se van a crear uno paralelo. Van a ampliar el mercado negro que de hecho existe en México de dólares.

Es sabido que hay zonas en las ciudades fronterizas donde se cambian pesos por dólares a tipos de cambio por demás convenientes. Y son dólares reales, sólo que son evidentemente producto del crimen.

No serán pocos los que acepten cambiar 11.50 o 12 pesos por un dólar.

Las limitaciones no serán para los que justifiquen que tienen muchos dólares legales en sus registradoras. No va por ahí, como se ha interpretado. Es una medida para los que venden drogas y reciben a cambio pacas de billetes verdes.

¿Cómo evitar que se genere un mercado negro de dólares en México más extendido y que distorsione más al sector financiero?

Ése es el reto de la autoridad financiera, ahora que va a poner nuevas reglas para el mercado de cambios.

El reto para Adidas, fabricante de camisetas negras de la Selección, es no permitir distorsiones con la venta de su producto. Porque podrían recibir como pago a la frustración de los aficionados, el descrédito y el rechazo a su marca que se queda más allá de la previsible breve participación del tricolor en Sudáfrica.