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Opinión

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El legado de Zapata

¿Cuándo murió Francisco I. Madero, cuándo Venustiano Carranza, o Francisco Villa? A pesar de los rituales cívicos, las fechas de nacimiento y muerte de los héroes nacionales pasa desapercibida para la mayoría. Pero eso no ocurre con Emiliano Zapata.

El 10 de abril, fecha de la muerte de Zapata, es una fecha actual y presente para el movimiento campesino y popular de México. Zapata, el líder del Ejército Libertador del Sur, fue asesinado el 10 de abril de 1919 en la hacienda de Chinameca, Morelos. Zapata vivió años de prestado, pues desde que se alzó en armas en 1911, fue puesto en la mira por muchos poderosos, desde porfiristas, hasta carrancistas; pasando por Madero.

El líder suriano vivió años de más debido al fuerte apoyo popular que lo respaldaba y a su intuición campesina y militar que lo salvó. Pero esa intuición ya no lo salvo de la emboscada que le puso el coronel carrancista Jesús Guajardo, uno de los grandes traidores que ha tenido este país.

Mediante engaños y mentiras, Guajardo hizo creer a Zapata que se uniría a su causa y para refrendar el pacto lo invitó a comer en la hacienda de Chinameca. Ahí lo espero con decenas de hombres, quienes dispararon a mansalva en contra de Zapata y su guardia de diez hombres que lo acompañaban.

Murió Zapata, pero no sus ideas o su legado. El grito de Zapata vive, la lucha sigue se escucha en todas las marchas populares del país; la frase Zapata vive está escrita también en poblados de todo México. El ideario de Zapata está arraigado fuertemente en las clases populares mexicanas.

Es tan fuerte el legado de Zapata que su nombre fue tomado para dar identidad al movimiento indígena y popular más importante del México contemporáneo, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Quizá la piedra angular del legado de Zapata se debe a que se le identifica como un auténtico líder popular que no traicionó nunca sus ideales ni al pueblo por el que luchó. En una historia plagada de políticos y líderes que se levantan con las banderas del pueblo, pero que transan a la primeras de cambio, Zapata escapa a esa regla.

Se conoce de sobra la anécdota de su charla con Villa frente a la silla presidencial, en la cual se negó a sentarse para tomarse la foto; más allá de la anécdota, da idea de un líder revolucionario que se negó a tomar el poder para él mismo.

Junto con la idea de luchar por el pueblo y no por intereses populares, Zapata recogió en su Plan de Ayala las demandas centrales del pueblo mexicano: Tierra y libertad. Bajo este sencillo pero poderoso lema se sintetizaban las demandas del pueblo. Zapata jamás transó a pesar de las ofertas que le hicieron, por eso su legado sigue siendo tan poderoso a casi cien años de su muerte, y lo confirman como un referente no solo del pasado, sino presente en la actuales luchas por el futuro de la nación.

rubenmartinmartin@gmail.com

@rmartin1011

apr

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