Recuerdo muy al principio del inolvidable 2020 que, en una comida de trabajo, comentábamos las entonces 17 muertes que había causado un extraño virus, conocido entonces como “de Wuhan”, que tímidamente comenzaba a lograr protagonismo en la información mundial. A partir de ese momento crucial en la historia de la humanidad, poco a poco (y aún insuficientemente), nos fuimos dando cuenta que todo había cambiado para siempre. En esos tiempos, muchos mandatarios del mundo parecían (y algunos todavía parecen) ajenos al peligro que nos rodeaba. 

Recuerdo claramente cómo el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, entre otros populistas, trataba de quitarle importancia al surgimiento de esta enfermedad, aún no bautizada oficialmente como Covid-19.  Rememoremos también como en ese lamentable 2020, el presidente de México nos decía que por “el tal coronavirus” no nos dejáramos de abrazar, que saliéramos a comer a las fondas y que nuestro país estaba preparado para enfrentar al bicho con las famosas estampitas que traía en su cartera y con la repetición del mantra “detente enemigo”, en fin…todo iba a estar bien. Muy fuerte.

Imborrable la escena donde un rozagante y recién estrenado López-Gatell nos decía que el cubrebocas no era de uso indispensable ni mucho menos o que era mejor que se contagiaran 100 niños que uno, porque así más pronto íbamos a lograr la inmunidad de rebaño. ¡Gulp!

Cinco millones de muertes en el mundo y con casi 600 mil fallecimientos, en México, finalmente comenzamos a salir del shock y a entender que el tal Covid es bastante peor que una gripita y que hasta la fecha podemos medianamente prevenir su contagio, pero aún hoy no tenemos cura para este mal.

Llegamos a este octubre del 2021 y con tristeza debo decir que, a casi dos años del surgimiento de la pandemia, la comparecencia de hace unos días del secretario de Salud ante la Cámara de Diputados me resultó, por decir lo menos, lamentable y muy preocupante. Pareciera que estamos en las mismas de cuando todo comenzó: negación, ineficiencia, ignorancia, indolencia, incapacidad o una buena mezcla de todo ello ha enlutado a muchas familias de México con pérdidas irreparables. En esas estamos.

Las omisiones, irresponsabilidades y acciones letales del Dr. López-Gatell merecen comentario aparte. Me parece necesario destacar los discursos de los diputados Salomón Chertorivski (desde el inicio alertando sobre el mal manejo de la pandemia) y de Jorge Álvarez Maynes que señalaron los graves errores cometidos que han costado muchas vidas. Algunos ejemplos: la desinformación sobre el uso del cubrebocas; la falta de reconocimiento sobre la mortandad del Covid-19; el tratar de ocultar los picos de la pandemia y la negación a vacunar a los menores de edad. 

Lo que dijo el Dip. Chertorivski sobre cómo Alcocer abdicó de su responsabilidad y cómo permitió que lo desplazara un subordinado que desprecia la ciencia pone el dedo en la llaga y nos muestra claramente como la lealtad (o ambición si usted prefiere) ha desplazado al cumplimiento del deber de estos políticos (que no médicos) en temas de salud pública.

Dejo para el final el aterrorizante caso del desabasto de medicamentos contra el cáncer. Cuando el secretario de Salud reconoce, tres años después de comenzar su gestión, que este problema es el “talón de Aquiles” de la Secretaría a su cargo y cuando reconoce públicamente que persiste el desabasto, después de haberlo negado y mentido una y otra vez. ¿Cuántas vidas se han perdido por esta inhumana irresponsabilidad? 

Hay médicos que anteponen sus intereses políticos a su juramento hipocrático, en el qué por encima de todo interés personal, está la vida, el cuidado y la recuperación de los pacientes. Pienso que estos profesionales ambiciosos de poder deberían de dejar de ejercer la medicina y seguir su carrera política sin disimulos.  

Platón sabiamente dijo que si se ama el ejercicio de la medicina se ama a la humanidad. Lo que pedimos a estos funcionarios es que cumplan con honorabilidad este juramento o mejor y por el bien de todos ya se vayan.

Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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