En mayo pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador agradeció a los migrantes mexicanos, refiriéndose a ellos como “héroes vivientes”, por su continuo apoyo a la economía local. En marzo pasado se registró un incremento récord de 35.8% en las remesas en comparación con el mismo periodo del 2019. En la primera mitad del año las remesas han presentado un aumento de alrededor del 10% en contraste con los primeros seis meses del año pasado, a pesar de la pandemia mundial y la crisis económica.

Estos incrementos “desconcertaron” a los economistas y llegaron a ser titulares en los medios internacionales, ya que, aparentemente, el caso de México contrastaba con las predicciones del Banco Mundial: la crisis del Covid-19 generaría en una disminución del 20% en las remesas globales. Sin embargo, los últimos meses de aumentos en las remesas mexicanas deben tomarse como una excepción, no como una regla y por ello el gobierno mexicano debe apoyar los programas de asistencia social para prepararse ante un escenario de riesgo a largo plazo en donde esta tendencia no continúe. Los cambios a las políticas de inmigración y salud de Estados Unidos durante la actual crisis ponen en peligro el flujo de remesas desde el país vecino, generando posibles consecuencias para la economía mexicana que podrían durar hasta una década.

Es probable que a largo plazo los aumentos de las remesas no sean sostenibles, dado que la destrucción económica y social de la pandemia apenas está comenzando. Es más, los aumentos de las remesas no han sido uniformes en todo México, ya que 13 estados registraron disminuciones en el segundo trimestre del 2020 en comparación al mismo periodo del año anterior. Las mayores caídas, según BBVA, se dieron en Tlaxcala (-19.4%), Yucatán (-19.9%) y Tabasco (-29.6%).

Las remesas son una fuente fundamental de ingresos para la economía mexicana, representando un total de alrededor de 36,000 millones de dólares en 2019. Durante la última década, las entradas de remesas promediaron alrededor del 2% del Producto Interno Bruto (PIB). En el 2019, su proporción respecto del PIB superó a la de la Inversión Extranjera Directa por primera vez en 7 años.

La emigración a los Estados Unidos ha sido parte de muchos hogares mexicanos en las zonas rurales, les ha permitido enfrentar la variabilidad en sus ingresos debido a factores ambientales y otros factores que afectan el empleo local. Sin embargo, la evidencia reciente sugiere que el número de personas de comunidades que emigraban al extranjero para hacer frente a las crisis de ingresos, actualmente lo hacen en menor medida que en periodos anteriores. En parte, esto se debe a que las personas que ya han viajado a Estados Unidos para apoyar a sus comunidades de origen continúan ayudando, esto reduce la necesidad de que otros miembros de la comunidad migren en el futuro.

Si bien aún no se reflejan los efectos a largo plazo de la pandemia en los flujos migratorios, los recientes desarrollos de políticas en Estados Unidos amenazan con reducir el número de remitentes, la frecuencia y la cantidad de dinero que pueden enviar. Con las elecciones que se avecinan en Estados Unidos para el otoño, el presidente Donald Trump ha duplicado los esfuerzos para la construcción de un muro fronterizo, además que hay evidencia creciente que las expansiones realizadas a los muros anteriormente han creado barreras de entrada. Los gobiernos de Estados Unidos y México también han respondido al creciente riesgo de contagio transfronterizo de Covid-19 aumentando las restricciones en la frontera.

Además, si bien los migrantes que participan en el sector agrícola se consideran trabajadores esenciales en Estados Unidos, la pandemia ha comprometido la estabilidad de sus ingresos. Trabajan en condiciones que propician las infecciones, aunque a menudo carecen de acceso a tratamiento médico o compensación por desempleo. Como resultado, granjas en California, Nueva Jersey, Nueva York y Tennessee han visto brotes serios de coronavirus. El inconsistente flujo de ingresos de los migrantes generado por estos brotes periódicos pondrá en mayor peligro los flujos de remesas a México. Incluso, como informó recientemente Associated Press, el aumento en las remesas observado en los primeros meses de la crisis se puede atribuir en gran parte a los migrantes que pudieron recibir beneficios por desempleo del gobierno de los Estados Unidos, que no se distribuyen de manera uniforme, ni son sostenibles.

El futuro puede ser incierto, pero los gobiernos, tanto de México como de otros países, deberán actuar inmediatamente para promover los programas de asistencia social que protejan contra los daños de futuras disminuciones en las remesas. Por ejemplo, el patrocinio de programas de protección social, como Supérate en Tlaxcala, puede proporcionar ayuda de emergencia para los hogares en la línea de pobreza. Investigaciones recientes demuestran que los programas de protección social previos como “Prospera” tuvieron éxito y resultados nutricionales positivos, con acumulación de capital humano y permitiendo que los hogares de bajos ingresos diversificaran sus actividades económicas. Ante la actual crisis, si el gobierno mexicano invierte en programas sociales de transferencia de efectivo, podrá ayudar a la ciudadanía y, a su vez, a la economía.

*Valerie Mueller es una Profesora Adjunta de Estudios Globales en Arizona State University. Sus trabajos se enfocan en el uso de la migración como estrategia de adaptación y sus implicaciones en el hemisferio sur.

*Mathew Smoldt es un estudiante de doctorado de la School of Politics and Global Studies en Arizona State University, y se especializa en la economía política de la migración.

*Cameron Thies es un profesor de Relaciones Internacionales de Arizona State University. Sus trabajos se enfocan en la capacidad del Estado y las relaciones internacionales en América Latina y en los países en vías de desarrollo.