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Opinión

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El fracaso de la voluntad

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En 1935 se estrenó una de las películas propagandísticas más conocidas de la historia del cine y se llamó “El triunfo de la voluntad”.  La cinta fue encargada por el propio Adolph Hitler y realizada por Leni Riefenstahl. A través de novedosas tomas, cámaras en movimiento, acercamientos, fotografía aérea, combinadas con una música y cinematografía impecables se logró uno de los mejores documentos políticos. Por supuesto, la idea era hacer vibrar el espíritu alemán, darles confianza a los alemanes y anunciar el regreso del país a su categoría de potencia mundial. 

Al final, la voluntad no bastó. Igual sucedió con las revoluciones del siglo XX, empezando por la rusa, la china o la mexicana. Revoluciones obreras en países sin obreros, revoluciones democráticas en países sin demócratas. Muchos aprendimos que la voluntad es parte esencial de un proyecto de cambio, pero las condiciones materiales, la narrativa y el diseño del futuro son acaso más importantes. Hay que definir la meta y los caminos para lograrlo, también convencer a la mayor parte de la ciudadanía para empujar en una misma dirección. 

La película que nos ofrece López Obrador todos los días podría llamarse: la derrota de la voluntad. Primero, nunca ha podido definir ni él ni sus allegados o teóricos en qué consiste la transformación multicitada. No hay punto de llegada ni caminos claros. Segundo, no hay una propuesta de unidad nacional, sino el uso reiterado de descalificaciones que separan y dividen al país. Tercero, más allá de “primero los pobres” y el combate a la corrupción no hay contenido en los cambios. ¿Qué significa esto? ¿En qué es distinto radicalmente de lo anterior? Cuarto, se quiere hacer una transformación con políticos que reproducen las viejas prácticas de los anteriores gobiernos: corrupción, amiguismo, componendas, fraudes, nepotismo, uso faccioso del aparato de justicia, persecución política y un largo etcétera. 

La voluntad obradorista de cambio no basta simplemente porque no hay con qué. Entonces, al no haber condiciones, la voluntad pasa a ser un rosario de ocurrencias. Y de ocurrencias está llena la historia del mundo, ocurrencias que costaron sangre y mucho sufrimiento y lograron tan poco. Ignoró si AMLO tiene buenas intenciones, como no lo supe en el caso de Peña o Calderón o cualquier otro. Tratar de adivinar si nuestros gobernantes tienen buenas intenciones es algo que me supera. Juzgo lo que veo.

AMLO intentó mejorar el sistema de salud a base de ocurrencias. Cambió el sistema de compras de medicamentos porque había un oligopolio corrupto. No hay nadie en la cárcel por esa corrupción, pero el resultado ha sido una impresionante falta de medicinas. A cinco años de su inicio, no sabe cómo resolver el problema del desabasto. Los que somos derechohabientes de un servicio de salud pública nos enfrentamos continuamente a que se nos den parte de las medicinas. Esperamos con más o menos suerte a que lleguen pronto las que nos hacen falta.

En esta semana se le ocurrió la idea de una farmacia que tenga “todas las medicinas que hay en el mundo”. ¿Qué significa esta idea? Por lo pronto, es el reconocimiento implícito de que el problema del desabasto no se ha resuelto. Lo peor es que al parecer no se resolverá ya en lo que resta del sexenio. Tampoco habrá un sistema de salud eficiente, ya no digamos como el de Dinamarca, sino como el que llegó a haber en nuestro país en otros tiempos. 

El otro gran tema de la semana fueron los libros de texto. Aquí me apoyo en los expertos para señalar la serie de errores en áreas tan importantes como física, biología y matemáticas, la poca importancia que se les da a las ciencias y, en temas recientes, afirmar que hubo un fraude en la elección presidencial de 2006. Personalmente, no he tenido la oportunidad de revisar los textos de secundaria, pero preocupa que, junto con los señalamientos de errores y sesgos que parecen válidos, se esté desarrollando en respuesta una serie de ataques provenientes de sectores ultraconservadores de la sociedad mexicana en contra de la población trans y en general LGBT+, así como dirigidos a menoscabar los derechos de las mujeres hablando de “ideología de género”. El retroceso puede estar a la vuelta de la esquina. 

Por otro lado, acerca de los planes de estudio de la SEP, retomó algunos señalamientos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO: 

  • El nuevo plan de estudios no considera la educación como una herramienta para la formación de capital humano, de acuerdo con el documento publicado por la SEP. Esto va a generar estudiantes carentes de habilidades imprescindibles para su futuro profesional. 
  • El nuevo plan rompe la conexión entre la educación básica y la media superior, lo que podría resultar en mayor abandono escolar.
  • En su intento por lograr un enfoque comunitario, el nuevo plan de estudios pierde el foco de habilidades básicas como las matemáticas y la ciencia.

Hay que decirlo: Los planes de estudio y los libros de texto no son comunistas, sólo están mal hechos y van a tener un costo político y educativo negativo. Como ven, la voluntad de cambio de  AMLO se ha reducido a fracasos maquillados.

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