El Fondo Monetario Internacional presentó su “2020 World Economic Outlook” y de ahí podemos derivar un hecho muy relevante para el futuro de las relaciones internacionales. Graham T. Allison, el prestigiado profesor de la Universidad de Harvard, concluye en National Interest, con base en esta información, que China es ahora la economía más grande del mundo; ya desplazó a los Estados Unidos. 

Allison argumenta que, medido por un criterio más refinado, el reporte del FMI muestra que la economía china es un sexto más grande que la de Estados Unidos: 24.2 billones de dólares (trillion en inglés) contra 20.8 billones de Estados Unidos. ¿Y qué importancia tiene esto? En el mundo real, el PIB de una nación es la infraestructura de su poder global. 

China se ha convertido en la planta manufacturera del mundo. El crecimiento de su presupuesto para defensa ha sido impresionante y se vislumbra un posible conflicto en Taiwan. China sobrepasa a Estados Unidos en inversión en investigación y desarrollo y será la única economía con crecimiento positivo este año. Es un jugador geopolítico de mucho peso en el escenario mundial y el principal adversario de los Estados Unidos.

La guerra comercial entre China y Estados Unidos, y el Covid-19, hacen que la región de América del Norte sea estratégica. Estados Unidos no está solo. México es su aliado. Somos socios comerciales en el TMEC y ocuparemos un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU. Lo que sigue es proponer una reunión, antes de que termine el año, con el Presidente electo de los Estados Unidos, para diseñar el “Espíritu de Delaware” y acordar la estrategia de la nueva relación bilateral.

Recordemos que tres semanas después de las elecciones, el 22 de noviembre de 1988, en Houston, Texas, se reunieron los presidentes electos de México y de Estados Unidos. Empatía, visión y voluntad definieron las bases para una nueva relación bilateral que se etiquetó como el “Espíritu de Houston”. Ahí se dieron a la tarea de idear un nuevo mecanismo que permitiera avanzar en las coincidencias y evitar que un tema (fuera narcotráfico, petróleo, migración) contaminara el resto de la agenda bilateral.

Se vislumbraba ya el fin de la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlín. Se estaba construyendo un nuevo orden internacional. El gobierno de México sabía que ante la atención de los inversionistas en Europa del Este, se requería “una gran idea” para la región de América del Norte. Así se fue pensando y diseñando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. ¿El resultado? El comercio entre los tres países se cuadruplicó.

Hoy vivimos un momento parecido al de noviembre de 1988. Estamos ante el inicio de una nueva era en las relaciones internacionales: la pandemia, la recuperación económica, la confrontación entre Estados Unidos y China, la ambición de Rusia. 

¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera cancelado el TLCAN sin tener un sustituto adecuado? Se hubieran desarticulado las cadenas de suministro y destrozado la relación económica y política entre los tres países de América del Norte. Para México el impacto potencial de no tener un tratado de libre comercio hubiera sido devastador. Se habría eliminado un pilar de certeza y predictibilidad para las empresas nacionales y extranjeras.

El equipo del gobierno mexicano que prepare la reunión entre el Presidente de México y el Presidente electo de los Estados Unidos, en Delaware, podría considerar lo siguiente.

a) Lo que tenemos:

  1. La aprobación y firma del TMEC reafirmó un compromiso con el libre comercio en América del Norte. El acuerdo puso al día el TLCAN después de 25 años. Se incorporaron nuevas disciplinas como el comercio digital y se solucionaron problemas originarios como la falta de un buen mecanismo para resolver disputas comerciales.
  2. El TMEC es un ancla fundamental para México. Por una parte, asegura acceso al mercado de consumo más grande del mundo; pero por la otra, y más importante, mantiene las políticas de liberalización de comercio, eliminación de aranceles y barreras no arancelarias. Las políticas de integración económica han permitido establecer cadenas de suministro transfronterizas, como en el caso de la industria automotriz.  Y se puso un candado a las políticas de mercado abierto para que fueran permanentes, predecibles y para que el ambiente de inversión tuviera reglas claras.
  3. Los gobiernos tienen ahora que implementar el TMEC y cumplir tanto la letra como el espíritu. Es claro que introduce nuevas obligaciones para las partes. Hay más restricciones para calificar al acceso sin aranceles y se tienen que ajustar las cadenas de suministro, como en el caso de las reglas de origen de la industria automotriz. Se incluye el comercio digital. Hay nuevas obligaciones en el texto del acuerdo sobre el cumplimiento de estándares laborales y ambientales. Se fortaleció un novedoso mecanismo para la solución de controversias y ahora hay una cláusula que obliga a las partes a revisar periódicamente el acuerdo.
  4. Pero lo más importante es que el TMEC mantiene y asegura el libre comercio que ya teníamos con el TLCAN y reduce el riesgo de que el acuerdo sea cancelado. El TMEC fortalece América del Norte y provee certeza a los negocios. Pasamos de la declaración de Trump, en noviembre de 2016, de que el TLCAN era el peor acuerdo jamás firmado por los Estados Unidos a la declaración del mismo Trump, en octubre de 2018, de que el TMEC sería el mejor acuerdo comercial moderno, actualizado, equilibrado en la historia de Estados Unidos.

b) Lo que sigue:

  1. Hay dos elementos que hacen al TMEC todavía más valioso: la pandemia y la guerra comercial entre Estados Unidos y China. ¿Por qué? Las compañías globales están buscando disminuir el riesgo y mover la producción más cerca de los consumidores. La geografía es fundamental. Y las empresas que tienen alta exposición a China fueron muy afectadas con los altos aranceles que les impuso el gobierno de Trump. Están tratando de reducir “el riesgo chino”.
  2. El TMEC, la proximidad geográfica y la naturaleza complementaria de las tres economías hacen de América del Norte una opción atractiva para las empresas globales. México ya está ganando espacio por la guerra comercial entre Estados Unidos y China y puede atraer más inversiones. Si vemos las cifras que comparan el comercio entre 2018 y 2019, hay una reducción neta de exportaciones chinas a Estados Unidos. Después de Vietnam, México ha sido el país que más se ha beneficiado. Y si vemos los sectores, se aprecia la reducción china de las importaciones de maquinaria eléctrica y equipo, instrumentos médicos, ópticos y de medición, accesorios mecánicos, vehículos, vidrio. Y en todos estos sectores las exportaciones de México a Estados Unidos han crecido.
  3. Los retos de implementación serán enormes, sin duda. Hay organizaciones y personajes que quisieran aprovecharse de los nuevos mecanismos del TMEC para aplicar sanciones a gobiernos y empresas por objetivos políticos y no por reclamos sustantivos de los sectores.

c) Hacia “una nueva idea de América del Norte”:

  1. El poder de la geografía cuenta. Debemos avanzar hacia una comunidad integrada, competitiva en América del Norte y entender los beneficios de permanecer unidos como región. Tenemos que proteger la idea de una América del Norte fuerte y competitiva por sus economías de escala, inversiones confiables, más empleos, menos desigualdad.
  2. Los gobiernos deben armonizar las regulaciones, fortalecer el estado de derecho, desarrollar el capital humano, mejorar los cruces fronterizos. Es una visión que potencia nuestra región. La interdependencia y reciprocidad fortalecen las cadenas de valor y aumentan la competitividad. Necesitamos mejores canales de comunicación entre los sectores público y privado, promover y asegurar un ecosistema de inversión seguro, estable. Los muros, amenazas y hostilidad entre los países no nos llevan a ningún lado.
  3. Es importante construir un esquema de prioridades a las que vamos a atender y solucionar juntos como región: inseguridad, tráfico de drogas, energía, cambio climático, estado de derecho. Es un ejercicio de responsabilidad en donde tenemos que entender que si la asumimos conjuntamente podemos diseñar soluciones comunes.
  4. Traer la inversión de las empresas de regreso a América del Norte es una prioridad. La ventaja comparativa y competitiva de nuestra región es fundamental. Para ello tenemos que apoyar la operación correcta ante la nueva normalidad. Se requiere más seguridad y eficiencia, promover cadenas de valor de las industrias que están basadas en el uso intensivo de tecnología. Desarrollar las pequeñas y medianas empresas así como el comercio electrónico. Lo que los gobiernos tienen que hacer es facilitar y promover la inversión.
  5. Tenemos la gran oportunidad para mover la conversación más allá del comercio y de la inversión y pensar en la integración de América del Norte en energía, cambio climático, seguridad de los ciudadanos, combate a la delincuencia organizada, desarrollo de talento y capital humano, movilidad laboral. Debemos revisar nuestras estrategias ante la pandemia y los mecanismos de defensa ante otras crisis potenciales. Ante todo, debemos proteger nuestra democracia.

*Javier Treviño Cantú es Director General de Políticas Públicas del Consejo Coordinador Empresarial.

Twitter: @javier_trevino

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