Una de las aportaciones de la economía conductual en el análisis del comportamiento de los inversionistas se refiere a cómo, más allá de razones técnicas, los inversionistas son influenciados en su proceso de decisión por factores no necesariamente racionales que los llevan a sub o sobre ponderar la valuación de riesgo que realizan, particularmente ante cambios de entorno.

Tal como ocurrió en momentos de estrés y volatilidad en el pasado, hoy, el “coma inducido” a la economía por la crisis sanitaria, está generando cambios en la forma la que se perciben los riesgos de ciertas inversiones futuras y, probablemente, dicho efecto de temor se sostendrá por mucho más tiempo del que lleve controlar la pandemia.

En el estudio Scarring Body and Mind: The Long-Term Belief-Scarring Effects of Covid-19, de Kozlowski, Veldkamp y Venkateswaran se trata de analizar cómo puede afectar la evaluación de riesgo las decisiones de inversión post pandemia.

Derivado de algo que se conoce sesgo de representatividad, las personas tendemos a juzgar y evaluar la probabilidad futura de ocurrencia de un evento, a partir de la información que conocemos, típicamente de circunstancias del pasado que pensamos son equiparables. Pero adicionalmente, cuando enfrentamos condiciones atípicas, tendemos a sobredimensionar los llamados “eventos de cola” que, se refieren a aquellos de los cuales sabemos en principio que existe una baja probabilidad de ocurrencia.

Ante escenarios inciertos, en las personas se presenta el temor de que aumente el grado de negatividad del escenario o de que se presenten nuevos eventos negativos adicionales, aun cuando probabilísticamente, tengan una limitada posibilidad de ocurrir.

Una persona que de vacaciones en la playa ve una noticia sobre un tsunami catastrófico en otro extremo del mundo, tenderá a tener un pensamiento de probabilidad más elevada que ocurra un fenómeno similar en donde él se encuentra, aun cuando la posibilidad real siga siendo remota.

De acuerdo con este estudio, uno de los fenómenos que afectó la crisis la recuperación de la crisis del 2008, fue que ese evento catastrófico que implicó la quiebra de muchas grandes empresas del sector financiero se extrapoló y aumentó la percepción de riesgo para los años subsecuentes.

Para el caso actual, el estudio anticipa que el efecto de la crisis sanitaria actual y su repercusión por el cierre de las economías mundiales será mucho más prolongado que el que los modelos econométricos predicen, por la conducta más preventiva y de sobre ponderación de riesgos que incorporarán a sus decisiones los agentes económicos.

Hoy, aun no alcanzamos a percibir el efecto económico total de la pandemia. Habrá, por ejemplo, efectos rezagados de terminación de empleo de empresas que, si bien no hicieron recortes durante la cuarentena, hoy perciben que no les será posible sostener los niveles de empleo previos. Y si a ellos sumamos que efecto del incremento en la percepción de riesgo, estaremos frente a una recuperación aún más lenta de la anticipada.

La suma de la contracción económica técnica, de las malas perspectivas para la inversión en México, a las que se agrega este efecto conductual de sobredimensionamiento del riesgo, llevarán a una lenta recuperación económica, que probablemente harán que México recupere los niveles de la economía del 2019 hasta el 2024.

Por ello, las decisiones que como inversionistas tomemos deberán ser mas selectivas y analíticas para impedir afectaciones futuras a nuestro patrimonio.

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Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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