Distintos estudios y la investigación económica de las últimas décadas han mostrado que las emociones afectan las decisiones económicas y disminuyen su calidad. Pese a ello, continuamente nos enfrentamos a análisis de la situación económica que asumen que los agentes económicos, incluyendo los grandes inversionistas institucionales son ajenos a estos procesos y sus decisiones son casi siempre estrictamente objetivas y racionales.

En el estudio Predicting Stock and Bond Market Returns with Emotions: Evidence from Futures Markets, de Shen, Griffith, Najand & Sunde, se analizó la correlación entre las emociones y los sentimientos expresados por los participantes en los mercados financieros (el miedo, el pesimismo, el optimismo y la alegría), como predictores de los mercados de futuros del índice S&P500 y los bonos del Tesoro a 10 años. La investigación encontró que cada una de estas emociones predicen en distintos niveles, el comportamiento de los índices y sus retornos.

La existencia de una percepción de temor entre los inversionistas es un predictor significativo de los resultados que en el corto plazo (en escenarios de cuatro días), tendrán los retornos de los futuros del índice accionario. La presencia de temor tiene un efecto mayor y más pronunciado en los mercados accionarios y sus retornos, específicamente en momentos de mayor volatilidad.

De la misma forma, en un fenómeno conocido, pero no completamente entendido, las emociones relacionadas con el miedo y el pesimismo afecta los futuros de los bonos del Tesoro. Este fenómeno conocido como flight-to-quality o vuelo a la calidad, se presenta cuando, en presencia de riesgos específicos, los mercados reaccionan retirando inversiones de aquellos sectores o activos que perciben en riesgo, para moverlos a inversiones que consideran más seguras: específicamente los bonos del Tesoro estadounidense.

Sin embargo, en experiencias de las últimas décadas, este movimiento no es ni analítico, ni preciso. Cabe recordar cómo, ante el temor de una crisis de pago en Grecia hace algunos años, se produjeron salidas de recursos de otras economías emergentes, que poco o nada tenían que ver con los fenómenos de déficit público y endeudamiento que enfrentaba Grecia. Fenómenos similares han ocurrido durante crisis previas, como la llamada crisis Tequila iniciada en México o la crisis Samba en Brasil.

En términos financieros, cuando nos referimos al riesgo, hablamos de posibles resultados aleatorios cuya probabilidad es en mayor o menor medida conocida. Por otro lado, cuando hablamos de incertidumbre, nos referimos también a aleatoriedad. pero sobre la cual desconocemos la probabilidad de ocurrencia de los distintos eventos y, en muchos casos, desconocemos incluso todos los eventos posibles.

Es por ello, que en condiciones como las que enfrentamos a partir de la pandemia; que en cierto sentido son tan inciertas como las que se presentaron en la crisis del 2008; aumenta la percepción de incertidumbre y esta tiene aparejado una percepción de temor, más abstracto e intenso en los mercados financieros, que aquel que se presenta ante condiciones más o menos conocidas de riesgo.

Este tipo de entornos, provocan respuestas de volatilidad extrema y cambios constantes en la percepción, que afectan el desempeño de los mercados, su estabilidad, la racionalidad en las decisiones de los agentes económicos y, en última instancia, el bienestar económico de los hogares.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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