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El efecto de anclaje en la elección de alimentos

Dentro de la psicología social, existe un sesgo cognitivo al que se le conoce como el efecto de anclaje. Un sesgo, es un “error” por el que tomamos decisiones de manera poco conveniente, o donde intervienen otros elementos de la mente más allá de lo racional. El efecto de anclaje se refiere a la toma de decisiones que hacemos basados solamente en las primeras informaciones que recibimos sin analizar críticamente la conveniencia de esa decisión.
Este sesgo cognitivo es ampliamente conocido dentro de las estrategias de marketing por ejemplo, para establecer precios que hagan pensar al consumidor que está comprando una ganga al poner un precio elevado junto a uno “aparentemente” mucho más bajo, aún cuando el precio bajo esté por encima del valor de un artículo.
En la forma en la que elegimos lo que vamos a comer, constantemente estamos expuestos a sesgos cognitivos en los que también se encuentra el efecto ancla. Por ejemplo, al escoger dentro de un menú la opción “sana’” por estar enlistada en la sección de bajas en calorías (pero más alta en precio). Mientras que un artículo de la sección de comida “normal” puede tener las mismas calorías o incluso, menos, pero no está enlistado en la comida de opción sana, muchas personas escogen como primera opción la “sana”.
Esto también ocurre por ejemplo, cuando compramos un café del que todos asumimos que tiene un precio inflado incluso 10 veces por encima de su valor comercial, pero al ser comparado con otras preparaciones de café, como un latte o un frapuccino, creemos que estamos tomando la opción más conveniente.
Pero no sólo en cuestión de precios y menús somos susceptibles a tener el sesgo del anclaje. También podemos observarlo, por ejemplo, en el tamaño de las porciones que consumimos. Se ha observado que si de entrada la porción que se sirve es más grande, nuestro cerebro tiende a pensar que puede manejarla, no importando si es grande o pequeña, la señal de saciedad llega mucho después y el efecto anclaje hace que seamos capaces de consumirla toda. Por ello, en muchas ocasiones las estrategias de consejería en alimentos se basan en empezar con porciones pequeñas de inicio, no importando que se repita plato, pero al menos, la mente no tiene el sesgo del anclaje con una porción grande. El tema de las porciones ha sido incluso analizado desde el punto de vista cultural, puesto que según diferentes contextos el tamaño de la porción varía aún cuando se trate por ejemplo, de la misma cadena de comida rápida. En Estados Unidos y en Francia hay diferencia en el tamaño “por default” que se ofrece al comprar unas papas o un refresco. Aprovechando este efecto, también la mente evalúa de manera errónea que agregando un dólar más, por ejemplo, se puede agrandar la porción de una comida, por lo que se valora como algo positivo.
Aunque el efecto anclaje está presente en muchas de nuestras decisiones, también se ha observado que es posible combatirlo para una mejor toma de decisiones. Esto se hace por medio del detenimiento en la reflexión y el pensamiento crítico, algo no tan evidente en un mundo donde muchas decisiones se toman de manera rápida. Pero entre más conscientes somos de los sesgos de la mente, se ha observado que menos tendencia tenemos a cometerlos una y otra vez.

