El efecto Matrix es la etapa cumbre de la posverdad. Con él, el político se desprende de los compromisos sociales para convertirse en un holograma de la era industrial.

La clase política ha sido devorada por la retórica del ruido. Un zumbido relleno de palabras desgastadas que ya no se asimila a la realidad.

Mariano Rajoy dimite a la dirección del Partido Popular, pero su discurso de despedida resultó ser un compendio de éxitos y alegrías; la corrupción lo echó del gobierno, pero el discurso final, el de Rajoy, fue una fábrica de manipulación, cuyo único objetivo era eclipsar el verdadero motivo de su salida. Otra vez, la corrupción.

Rajoy citó a la posverdad para disparar contra sus opositores sin darse cuenta de que su cinismo ha dejado de seducir a las encuestas.

Daniel Ortega mostró su cara a los nicaragüenses cuatro o cinco días después de la primera manifestación de abril. “Cuidar la paz”, mencionó. Ofreció diálogo y eligió a los obispos como mediadores. Mientras Ortega reza en público por la paz, sus paramilitares siguen matando.

Donald Trump ya siente en su nuca el aliento del fiscal Mueller. Por eso, el pasado domingo envió a Rudolph Giuliani a un carrusel de entrevistas para dar una primicia: el presidente puede autoindultarse porque sus poderes constitucionales son infinitos. El mensaje divulgado en medios tenía como destinatario a una sola persona: Robert Mueller. Otra vez, el zumbido para distraer o confundir a la opinión pública.

Un día después el guion exigía un par de tuits del presidente. Lo hizo el lunes: no utilizaré mis poderes que corresponden al monarca que vive en la Casa Blanca porque no soy culpable. Los pillos son los demócratas.

Faltaba la cereza del pastel. En el tercer acto Kim Kardashian le ablandece el corazón al monarca. Lo que no han podido hacer Trudeau y Peña Nieto con la negociación del TLCAN, una de las figuras de las transmodernas redes sociales convence al presidente para que indulte a una mujer condenada a cadena perpetua.

Trump terminará mudando su Despacho Oval al Bellagio de Las Vegas.

Maduro tuvo que convertir sus elecciones presidenciales en una carpa de circo. Su payasito estelar resultó ser José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente español. Su retórica correspondía a la de un mediador profesional. “Seré garante de que el proceso electoral del 20 de mayo cumpla los principios básicos de una democracia”, comentó Zapatero el 9 de abril. Carcajadas, merengues y globos de agua como entorno.

Tiene razón Daniel Innerarity cuando escribe: “Nuestras instituciones políticas han sido pensadas para hacer frente a la escasez de información” (El País, 2 de junio 2018). Rajoy, Trump, Ortega y Maduro han sido devorados por el exceso de información.

Los discursos políticos se miniaturizan cuando ingresan a las redes sociales; se pauperizan cuando la sociedad informada los contextualiza; se caricaturizan cuando intentan ingresar al intelecto del ser hiperinformado.

El efecto Matrix llegó para quedarse; el político subroga sus obligaciones al ruido de la retórica. Palabras que ayudan a cubrir ese espacio fatal llamado silencio.

@faustopretelin

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.